martes 21 de abril de 2009

PREGUNTAS E INQUIETUDES

Lo cierto es que ahora no navego tanto como yo quisiera. Ahora contemplo la mar desde mi atalaya. Sin embargo, a través de la ventana, puedo oír en las noches de tormenta como el agua golpea el cristal. En las noches en que estoy solo, sentado delante de mi ordenador, escribiendo mi historia, siento como la mar se acerca y me regala su olor, me envuelve, me atrapa sin ningún tipo de consideración y yo…me dejo amar.

Al principio, cuando abrí esté blog, escribía para mí. Nadie me conocía, nadie sabía que había iniciado una ruta, un camino hacia Ítaca. Luego, la fortuna, el azar o la simple coincidencia hizo que fuera encontrándome con otros navegantes; hombres y mujeres que seguramente también estaban buscando algo. Quizás no una isla, no un destino; quizás lo único que intentaban era encontrar un sitio en este diminuto, pero intenso, mundo de los blogs.

Me gustaría entrar más, escribir post que consiguieran atraer a nuevos lectores y navegantes, pero ando inmerso en mi aventura y eso, os lo juro, me lleva tiempo, miento, no sólo me lleva tiempo también me roba fuerzas para poder recrear nuevas historias.

Mis personajes se escapan, me sorprenden. Hay noches en que cobran vida propia y escogen un camino completamente diferente al señalado. Cuando eso ocurre tengo que volver a parar y plantearme quién es ese hombre o mujer que yo había creado y ahora, sin darme cuenta, se escapa del folio e inicia una nueva vida.

Ahora, un hombre y una mujer se han enamorado, con pasión, con locura desmedida y sin embargo ambos sospechan que en un momento de su vida, años atrás, se hicieron daño. Y yo me pregunto ¿se puede amar a quien sabes, o sospechas, que fue el o la causante de un daño
inmenso? ¿Se puede odiar con todas tus fuerzas a la misma persona con la que deseas hacer el amor, entregarte a ella una y otra vez? ¿se puede desear acariciar esa piel al mismo tiempo que te produce nauseas sentir su mano sobre tu cuerpo?

En fin…preguntas e inquietudes.

viernes 5 de diciembre de 2008

ESPERO QUE OS GUSTE

Hacía tiempo que no salía a navegar y lo cierto es que lo necesitaba, así que nada mejor que una pequeña travesía. Quizás no sea el mejor día pero cuando la necesidad apremia no importa de dónde venga el viento, ni si la mar está en calma, sólo importa el valor para enfrentarte a ese maravilloso mundo azul.

Llueve y el viento sopla fuerte pero… me siento con ganas de confundirme con la mar. Nada más salir del puerto hizo la mayor, me obliga a virar, no puedo ni debo, acercarme demasiado a los acantilados. Estoy en la popa, de pie, con la rueda del timón entre mis manos. Desde ahí observo como la proa empieza a cabecear, a hundirse en sus entrañas, en esos momentos el agua golpea mi cara, de tal manera que el agua salada y el agua dulce de la lluvia se confunden en mi cara. De repente vuelve a resurgir, se levanta, mostrándose majestuosa, para, súbitamente, volver perderse de mi vista.

La mayor sigue hinchada, preñada por el viento que cada vez con más fuerza la va poseyendo. Soy feliz, sintiéndome de nuevo en comunión perfecta con mi mundo. Noto la adrenalina brotando de mis entrañas pero no tengo miedo. Yo respeto a esa mar que ahora brama en un vaivén de locura y sin sentido. Ella sabe que navego por necesidad no por retarla, jamás se me ocurriría retarla porque sé que estoy en su mundo. De pequeño me enseñaron que a la mar hay que quererla, mimarla pero jamás, jamás desafiarla.

La navegación se pone complicada, el viento ha girado y empieza a soplar con más fuerza obligándome a virar de nuevo. Mis manos empiezan a dolerme de apretar con fuerza el timón. Me cuesta abrir los ojos, el agua forma una telaraña de mil hilos enredándose en mi retina. Al final tengo que recoger la mayor y regresar a puerto.

Atraco el barco en el pantalán. Entro dentro del camarote, me seco, enciendo un cigarro mientras el olor a café impregna toda la estancia, pongo música, un Cd de una cantante Gala Evora, un gran descubrimiento y… releo el inicio de lo que un día espero que sea mi novela.

Dejo en mi cuaderno de bitácora el principio de ella.

ENCUENTRO CON GUILLERMO

Vi llegar a Guillermo desde la cristalera de la cafetería. Le observé con detenimiento mientras se acercaba. Era un hombre meticuloso, observador, no dejaba nada al azar, nada que pudiera sorprenderle y así se comportó desde el momento en que le vi bajar del coche.

Había pasado un año, pero nada en él había cambiado, ni su forma de comportarse ni su aspecto. Seguía con sus gafas cuadradas de montura oscura, impecable en el vestir, siempre con ropa de marca. Era alto, casi un metro noventa, musculoso, bien parecido, tez oscura, pelo moreno y ojos negros. A mi siempre me recordaba a los modelos que suelen salir en las revistas de moda, pero ese aspecto no le había perjudicado en su trabajo, todo lo contrario, esa presencia impecable le había facilitado, en muchas ocasiones, el trabajo de policía

Entró en la cafetería, sus ojos recorrieron de forma rápida e imperceptible cada uno de los rincones del establecimiento. En unos instantes había fotografiado mentalmente el lugar y la gente que se encontraba en su interior. Sabía que si en esos momentos le digo “cierra los ojos y descríbeme la cafetería”, lo hubiera hecho con una exactitud casi perfecta.
Se acercó a la mesa. Me levanté, nos fundimos en un abrazo.

- Eres un cabrón – fue lo primero que me espetó en la cara.

- Pues si que empiezas fuerte. Anda sentémonos ¿qué te pido?

Yo me senté pero él continuó de pie.

- Llevo un año intentando contactar contigo. Te he mandado mensajes, te he dejado miles de llamadas perdidas, he preguntado por ti y nada, como si nunca hubieras existido ¡joder! Al menos hubieras podido mandarme un puto sms, aunque sólo fuera para decirme que estabas bien.

Cuando terminó de sacar toda su rabia se sentó. Ahora era mi momento de hablar.
- Lo siento, pero es que no estaba bien. Compréndelo.

- Y una mierda. Después de todo lo que hemos pasado juntos no merecía el trato que me has dado. Tú y yo somos más que compañeros de trabajo somos como hermanos, o al menos eso me decías.

- De verdad Guillermo, lo siento y por cierto, sabes que te quiero como un hermano.


- Que te jodan – se quedó unos minutos en silencio contemplando la mesa, al final levantó la vista, puso su mano sobre la mía – bueno ya me he desahogado y ahora ¿qué tal estás Marc?

- Bueno, sigo con las pastillas, pero poco a poco me voy acostumbrando a vivir solo – me costó decir esa frase, tanto que yo mismo noté como el tono de mi voz se iba diluyendo entre las palabras de la gente que allí se encontraba – pero no es fácil.

- Ya me imagino, miento, no me lo imagino, pero tú eres fuerte, tienes que seguir, atraparemos a esos cabrones, más tarde o más temprano les pillaremos y entonces podrás descansar tranquilo.

- No – respondí. Esperé unos segundos para seguir hablando - yo lo dejo. Te queda para ti el trabajo de atraparles, yo abandono el barco. Acabo de venir de Jefatura. Solicité la baja del Cuerpo y hace unos días me llamaron para decirme que ya estaba todo tramitado y que pasara a firmar la baja.

En esos momentos vino una camarera. Al ver que yo estaba tomando un café le preguntó a Guillermo si quería algo.

Apartó su mano de la mía pero sus ojos seguían clavados en mis pupilas.

- Guillermo ¿quieres tomar algo?

- No puedes abandonar, ahora no.

- Tráigale un descafeinado de máquina con sacarina – después de tantos años juntos conocía perfectamente sus gustos y lo que tomaba a esas horas de la mañana. Pero él continuó hablando, ignorando por completo lo que estaba sucediendo a nuestro alrededor.

- Ese no es tu estilo, si abandonas ahora es como si te dieras por vencido, como si te rindieras.

- Y tienes razón – le interrumpí – me rindo. No quiero saber nada…ésta ya no es mi guerra.

Agachó la cabeza, tapándose la cara con las palmas de las manos. Así estuvo unos minutos, creo que intentado asimilar lo que le acababa de decir, al final levantó la vista para volver de nuevo a mirarme fijamente.

- No te entiendo, no te reconozco. Tú siempre has sido como un perro de presa, infatigable, insistente hasta el final y ahora que es cuando te toca de cerca me dices que lo dejas todo. De verdad que no te entiendo pero te apreció demasiado como para no respetar y apoyar tu decisión.

- Gracias, sé que para ti no es fácil entenderlo, pero de verdad que necesito empezar una nueva vida.

- Bueno y ¿qué vas hacer?

Le trajeron el café descafeinado con sacarina, al verlo sonrió.

- ¡cómo me conoces!

- Como si te hubiera parido.

Desde que entró en la cafetería fue la primera vez que nos relajamos, esbozando ambos una sonrisa. Aproveché para contarle que durante ese año vendí el piso y que con el seguro y algo que teníamos ahorrado compré una casa situada en un acantilado. Me encantó nada más verla. La convertí en un pequeño hotel. También le conté que por fin me había sacado el título de patrón de yate y me había comprado un pequeño velero de doce metros.

- Has cumplido tus sueños, siempre me decías que te encantaría tener un pequeño hotel rural y un barco y mira, ya tienes las dos cosas.

- Es cierto, pero…joder he pagado un precio demasiado alto por ello. Hubiera preferido compartir esos sueños con las personas que más quería en este mundo.

Se quedó pensativo unos segundos.

- ¿te han comentado algo del atentado en Jefatura?

- No, y la verdad es que yo tampoco he preguntado. Quiero olvidarlo, no quiero saber nada.

- Se encontraron huellas en el coche abandonado por el comando, tenía preparada una bomba para que el vehículo estallara y borrar cualquier rastro pero falló el explosivo y…

Le interrumpí
- Guillermo, por favor, de verdad, no quiero saber nada. Sólo te pido que los atrapes, entonces sí, entonces llámame. Cuando llegue ese momento quiero mirarles a los ojos, quiero ver sus caras, aunque sólo sea por saber quien ha arruinado mi vida. Prométeme que cuando los tengas me llamarás.

- Te lo prometo – respondió volviendo a poner su mano sobre la mía.

- Gracias.

- Por cierto, sabes que Lucía pidió el traslado a Madrid, ahora está en Inteligencia. Hace poco que hablé con ella y parecía contenta.

- Me alegro, es una chica lista y buena policía. De las mejores Inspectoras que he conocido.

- La verdad es que lo tiene todo, es lista, buena persona y encima está buenísima. Mira que le he tirado los tejos veces pero nada de nada, siempre se me ha resistido, yo creo que sólo tenía ojos para ti.

- Eso no son más que imaginaciones tuyas.

- Que no Marc, que yo conozco a las mujeres y pondría la mano en el fuego a que si no hubieras estado casado ¡um! No sé que hubiera pasado.

- Eres un capullo – le dije sonriendo – te gustan tanto las mujeres que algún día serán tu perdición.

- La verdad es que tienes razón, pero es que no puedo evitarlo, veo un buen culo y me ciego. Pero bueno, me conoces y sabes que trabajando me centro en el tema – dijo intentando disculparse por el comentario hecho.


Guillermo era un buen policía, le conocía bien. Ambos habíamos coincidido en la Academia, luego a él le destinaron a Palma de Mallorca y a mí a Galicia, después de dos años coincidimos de nuevo en Bilbao. Un año después llegó Lucía. Durante seis años trabajamos juntos en la misma Unidad. Lo cierto es que entre los tres formábamos un buen equipo, Guillermo era un hombre educado, extrovertido, amable, con buena presencia, siempre elegantemente vestido, detalles todos ellos que ayudaban a que muchas puertas se abrieran; pero lo que más me gustaba de él era su intuición, su olfato para detectar cuando las cosas se podían torcer. En todos los años que habíamos trabajado juntos jamás se había equivocado.

Lucía era la antítesis de Guillermo. Siempre vestía con vaqueros y camisetas, normalmente blancas, que contrastaban con su melena de color negro. Era introvertida, seria, incluso seca muchas veces, de hecho costaba ganarse su confianza. Siempre estaba a la defensiva. Ella decía que era por su condición de mujer entre un mundo mayoritariamente compuesto por hombres. Solía decir “tengo que hacerme respetar y los hombres, la mayoría al menos, en cuanto una mujer os da un poco de confianza ya pensáis que quiere rollo con vosotros”. Pero cuando ella decidía que podía quitarse la coraza entonces te dabas cuenta que era una excelente persona.
Sin embargo he de reconocer que a pesar de trabajar mucho tiempo juntos, de pasar momentos malos, momentos que hacen que te unas aún más a la gente que tienes a tu lado, momentos de angustia y soledad, ella, sólo en contadas ocasiones quitó esa capa de acero que la envolvía y la hacía inescrutable. Pero aún así lo que más me sorprendía de ella era la facilidad que tenía para ponerse colorada, me sorprendía esa sensación de fragilidad que irradiaba. Lucía era puro contraste, una mezcla perfecta de dureza y dulzura a la vez, sobre todo cuando sonreía y te regalaba una palabra amable y cariñosa. En esos momentos ella conseguía que las tensiones que surgían entre el grupo de trabajo desaparecieran en un momento. Ella era nuestro catalizador.
Trabajando era minuciosa, detallista, tanto que a veces rayaba lo maniático. Siempre que le pedía que buscara algún dato que nos sirviera para la investigación ella me traía un informe minucioso, con rigor, sin dejar ningún cabo suelto. He de reconocer que al principió llegó a molestarme tanta precisión, tanta perfección a la hora de hacer un trabajo pero al final comprendí que cuando estás detrás de un tipo que va armado y que si te descubre no va a dudar en matarte no queda otra opción que ser meticuloso.

Me dolió marcharme de Bilbao sin despedirme de ella. Ahora teniendo a Guillermo delante sé que obré mal, o al menos no obré como debía haberlo hecho, pero en esos momentos, sinceramente, lo único que pensé era en huir, alejarme de todo y de todos, marcharme de ese infierno en que se había convertido mi vida.

- Bueno Guillermo, tengo que marcharme. Te dejo una tarjeta del Hotel, en ella está la dirección y el número de teléfono. Cuando quieras venir estaré encantado de recibirte, mi hotel será el reposo del guerrero.

- Si no te conociera pensaría que me estás echando los tejos – dijo sonriendo. Luego miró la tarjeta y vio el nombre del Hotel “ITACA” , movió la cabeza con un gesto de resignación, me miró a los ojos – Marc, espero que no sólo mires hacia Ïtaca, deseo que la encuentres porque te lo mereces.

- Me marcho, tengo una cita. Cuídate mucho y no bajes la guardia.

No me preguntó ni dónde, ni con quién era la cita, no hacía falta. Sabía que para esa cita no requería contra vigilancias, ni grupos de apoyo, sólo necesitaba que mi espíritu tuviera la fuerza suficiente para poder superar ese último adiós.

Me levanté, dejé un billete de cinco euros en la mesa. Al pasar al lado de mi amigo no pude evitar posar mi mano, durante unos segundos, sobre su hombro. Apreté con fuerza, el levantó la cabeza, dirigió su mirada hacia mis ojos llorosos. Tanto él como yo éramos conscientes de que seguramente sería la última vez que nos viéramos.

Cuando salí de la cafetería el cielo se había encapotado, un color gris oscuro en perfecta consonancia con mi espíritu. Cogí un taxi y me dirigí hacía mi última cita. Me pasé todo el trayecto mirando a través de la ventanilla. Miraba pero no veía nada. Las calles, los edificios, incluso la gente eran en esos momentos parte de un decorado, una película en la que me negaba a participar, a sabiendas de la inutilidad de mi esfuerzo por escapar de esa situación, mi alma seguía perdida, o mejor dicho, abandonada en alguna esquina de aquella ciudad.

Al llegar le dije al taxista que me esperara. Bajé del coche y me quedé de pie, impasible. Mis piernas eran incapaces de avanzar un solo metro. Mis ojos, hasta ese momento perdidos entre los recodos de calles y avenidas se centraron en la verja por la cual se accedía al cementerio. Me había preparado para el instante en que tuviera que atravesar esa puerta, pero jamás pensé que fuera tan, tan difícil. Había imaginado esa situación miles de veces, tenía mi alma y mi cuerpo preparado para ese momento. Aún así nada de lo imaginado se podía comparar a la soledad que estaba sintiendo en esos minutos.

Cerré los ojos, mi vida pasó delante de mí de forma entrecortada…las volví a ver y eso me dolió aún más. Era consciente del esfuerzo que me había supuesto el llegar a ese lugar y no podía, ni debía, marcharme sin entrar. Avancé, mi respiración se aceleró, mi cuerpo temblaba como una marioneta a punto de quebrarse, empujé la verja, como un autómata me dirigí al lugar donde estaban enterradas. Cuando vi sus fotos y sus ojos mirándome sentí como si una daga me atravesara el alma. Con mis manos rocé el pequeño cristal que cubría sus retratos. Sólo fueron unos segundos…y me marché.
Reconozco mi cobardía pero no podía resistir tanto dolor.

- Al aeropuerto, por favor.

Una vez en el lugar y tras realizar los trámites pertinentes, me senté en la sala de espera. Tenía varias pantallas de televisión delante de mi, gente moviéndose de un lado a otro, aviones despegando y tomando tierra, vidas desplazándose de un sitio a otro en busca, quizás, de esperanzas perdidas o de amores renovados pero nada ni nadie podía impedir que mi memoria se trasladara al Mediterráneo.

Yo ya no pertenecía a ese lugar, me quemaba el alma pensarlo. Abandonaba a las dos personas que más había querido en este mundo y sin ellas yo ya no tenía nada que me atara a esa tierra que en determinados momentos tanto amé. Ahora, solo, sentí la obligación que debía cerrar el círculo y regresar a mis orígenes, a mi playa, a mi mar, a mi levante, a ese pequeño pueblo del que jamás hubiera imaginado regresar de esta manera.

De repente la gente dejó de andar, de moverse de un lado a otro, sus ojos se detuvieron delante de las pantallas de televisión, se oyeron murmullos, me levanté de mi silla, miré el televisor. Era un avance informativo, emitían imágenes de un atentado con coche bomba contra una furgoneta de la Ertzaintza (Policía Autónoma Vasca) convertida ahora en un amasijo de hierros y con trozos de cadáveres esparcidos por todos los sitios. En unos pocos minutos la gente que se arremolinaba en torno a mí empezó de nuevo a tomar vida, sus pies de nuevo volvieron a moverse acompasadamente, sus ojos se vaciaron de rabia, su catarsis había terminado.
Me quedé solo delante de esas imágenes obscenas de muerte y dolor. Mi cuerpo se resintió, conocía los síntomas perfectamente, la respiración se me hizo cada vez más difícil, me ahogaba. Intenté tranquilizarme, busqué la pastilla entre mi bolso, la maldita pastilla que siempre llevaba conmigo para evitar esos ataques de ansiedad que desde hacía un año formaban parte de mí. Me dejé caer sobre la silla, en la mano la cápsula, la miré. Era plenamente consciente de que debía tomármela para evitar zafarme de ese dolor agudo que se clavaba en mi espíritu.

Con la cabeza agachada sólo vi sombras que se movían, pies yendo y viniendo, ruedas de maletas girando como la vida misma, voces hablando en alto, anuncios de salidas y llegadas de vuelos…en unos minutos todo el mundo se había olvidado de los muertos, del dolor de sus familias. Quizás deba ser así para evitar hundirnos en el infierno, pero no era mi caso, yo aún estaba en el infierno.

Mi mente se trasladó a un año antes.

Era tarde cuando llegué a casa después de una vigilancia de varios días, me metí en la cama terriblemente cansado, tanto física como psicológicamente. Intenté no moverme mucho para no despertar a Marta pero estaba tan abatido por la tensión sufrida que ni siquiera me di cuenta que ella no estaba. No sé cuantas horas llevaba durmiendo cuando me despertaron los llantos de la pequeña Raquel. Fui a su habitación, Marta la tenía en brazos intentando calmarla.
- Ya siento que te haya despertado pero, no sé que le pasa hoy, no hay manera de que deje de llorar. Estoy agotada, lleva así un montón de horas.

- No te preocupes por mí, anda, vete a descansar, ya me quedo yo con ella.

- Prefiero quedarme Marc, no sé, durante estos días que has estado fuera la niña ha estado con fiebre, flemas, no ha parado de llorar. Quédate en la cama cariño, voy a llevar a la niña a urgencias, no es normal que esté dos días así.

- Bien, como tu quieras, pero de verdad que no me importa acompañarte.

Acarició mi mejilla con su mano y me dio un beso.
- Te quiero - dijo

- Yo también te quiero, amor mío.

- Coge a Raquel y le pones una chaquetita mientras me visto

Volvió al cabo de unos minutos.
- Cojo tu coche, el mío aún está en el taller.

- Vale pero ten cuidado

Ella ya sabía lo que englobaba la frase “ten cuidado”.

- Venga Marc, no fastidies, ahora con la niña así no me pongo a mirar los bajos del coche ni de coña, además si tú casi siempre vas con el coche oficial. Métete en la cama y descansa. Cuando llegue a casa te despierto.

Desde nuestra habitación oí cerrar la puerta de la calle.
A los quince minutos me despertó una fuerte explosión, los cristales de la ventana esparcidos por el suelo, la persiana completamente abombada, los gritos de la gente, las sirenas volando hacia la muerte. Me quedé impasible, aturdido pero con el maldito presentimiento de que lo que había sucedido. Reaccioné, corrí descalzo por todo el pasillo, llenando mi planta de los pies de cristales, pero poco me importaba, la angustia se había clavado en mi corazón de forma brutal. Llegué a la ventana de la sala. El coche estaba reventado, de ellas apenas quedaba nada.

Había pasado un año y ahora, invisible para el mundo, sentado en una triste silla de un moderno aeropuerto aún recordaba el tacto de esa mano en la mejilla y de ese último beso.
NOTA: Aún falta retocar un poco, o mucho, todo pero me apetecía haceros partícipe de mi mundo.





sábado 18 de octubre de 2008

TODO VA BIEN, CAMINO HACIA ITACA

Ante todo disculpas por no responder a vuestros comentarios, lo cierto es que se me hace difícil no entrar. Durante todo este tiempo que he estado alejado de vosotros, aunque os llevo en el corazón, me han pasado unas cuantas cosas.
La primera es que ya me han publicado el relato. Es difícil de describir la ilusión que se siente cuando ves tu nombre escrito como "autor".
La segunda es que hace una semana el psicólogo, aunque ya llevo trabajando desde primeros de septiembre, me dio el alta. Me dijo que me veía bien, con fuerzas para aseguir adelante, para navegar en solitario, sin su ayuda. La medicación aún me la tengo que tomar aunque han reducido la dosis. Si lees EGO quiere decirte que gracias a profesionales como podemos salir adelante.
La tercera que estoy inmerso en la redacción de la novela, la verdad es que lleva trabajo, pero como se suele decir "sarna con gusto no pica". Me gustaría ir más rápido pero cada vez que escribo un capítulo, lo repaso una y mil veces y eso me resta tiempo.
También quería deciros que en la novela sale el blog. He tenido la inmensa suerte de conoceros y os lo debo.
Bueno, un abrazo y hasta la próxima...yo sigo navegando hacia Itaca.
¡ah! y que os echo mucho de menos.

miércoles 27 de agosto de 2008

CIERRO EL BLOG DURANTE UNA TEMPORADA

El 17 de septiembre de 2007 escribí mi primera entrada en un mundo totalmente desconocido hasta ese momento. En esos momentos jamás hubiera podido imaginar que esa fecha pasaría a formar parte de mi vida. Ahora son las 00:10 del 26 de agosto y estoy escribiendo la que durante un tiempo creo que será la última entrada, aunque no sé aún cuando la publicaré, quizás esta misma noche ¿quién sabe?

Como no podía ser de otra manera, mientras escribo, de fondo, tengo el inmenso placer de oír como las olas rompen suavemente sobre la arena de la playa. La noche está nublada y empieza a soplar un ligero mistral.

Últimamente no leo otros blogs ni contesto a los comentarios, a excepción del blog de Sara (escribí un comentario porque necesitaba hacerle saber que en esos duros momentos del avión accidentado podía contar conmigo). Me ha costado no entrar, tanto o más como no responder a vuestros comentarios, pero egoístamente creí, y sigo creyendo, que era la forma más fácil de ir soltando amarras. Sería menos doloroso.

Durante este año he tenido la inmensa suerte de conocer personas formidables, personas que me han brindado su apoyo cuando he estado metido en un pozo sin fondo, personas con las que tengo, y tendré, una deuda pendiente. El día tres de septiembre, después de muchos meses de baja, me incorporo al trabajo y a la rutina diaria, a compartir mi vida con una persona enferma de alzheimer y lo cierto es que tengo miedo a hundirme de nuevo, a no saber afrontar la dura realidad. En esos jodidos momentos vosotros siempre habéis estado a mi lado pero ahora debo ganar la batalla yo solo.

El motivo por el cual dejo el blog, al menos durante un tiempo, os puede parecer una tontería, pero quiero cumplir uno de mis sueños (ya que algunos se han quedado en el camino) escribir una novela. Siempre he soñado con escribir un libro y no me veo capaz de continuar con el blog y centrarme en escribir una historia. Quizás sea un esfuerzo inútil pero es un esfuerzo que sólo depende de mí y quiero intentarlo. A lo mejor pensáis que es compatible una cosa con otra pero os aseguro que para mí es imposible compaginar ambas cosas a la vez. Siempre he sido consciente de mis limitaciones, seguramente una persona inteligente sería capaz de llevar a buen término ambos proyectos pero os aseguro que no es mi caso. En fin, después de mucho meditarlo, creo que he tomado la decisión correcta…sólo espero que si algún día vuelvo sea para deciros que cumplí uno de mis sueños y si regreso sin haber logrado el objetivo propuesto no me tengáis en cuenta el haberos abandonado.

En esta vida hay deseos que implican a otras personas y eso hace más difícil llevarlos a cabo, pero este sueño sólo me incumbe a mí, con lo cual sólo yo asumo el éxito o fracaso de mi decisión.

Me he hecho socio de la AEN (Asociación de Escritores Noveles). Hace unos meses conocí a una excelente persona, que por cierto está escribiendo su primera novela, y después de leer mis relatos cortos me animó a que me pusiera en contacto con esta asociación. Aún no sé como me irán las cosas pero quiero intentarlo.

Mentiría si dijera que no me duele abandonar este mundo que algunos llaman virtual, pero que para mí es real, al menos así lo he sentido yo, pero ahora toca cambiar de rumbo e intentar llegar a Itaca por otro camino. Desconozco qué me deparará el destino, qué mares habré de surcar pero creo que lograré cumplir mi sueño, mi pequeño sueño.

No quiero despedirme de vosotros sin daros las gracias por todos los buenos momentos que me habéis brindado. Por vuestra compañía os regalo unas fotos de un día de navegación con levante, os muestro mi pueblo desde la mar y la cueva del lobo marino.




Os deseo lo mejor.










martes 19 de agosto de 2008

... Y FUISTE A LA TIERRA (Parte Final)








Después de estar con Salama y su familia, volé hasta El Cairo, una ciudad que te gusta o la odias, bulliciosa, caótica...pero con un encanto difícil de definir. A mí me encantó, su vida, su olor incluso su caos me pareció atractivo, por no decir de sus mezquitas. Fuera de ningún tipo de connotación las mezquitas me atraen sin saber muy bien el motivo. Quizás por la luz que irradian o quizás por la sensación de espacios abiertos, también me gusta el poder ir descalzo...en definitiva me atraen.


Os dejo unas fotos de ese viaje. Siento que con ellas no podáis llegar a disfrutar completamente de esa maravillosa ciudad pero al menos lo intentaré. Quizás os pueda parecer curioso que no halla fotos de las pirámides pero ¿para qué? están tan vistas que he preferido optar por otro tipo de fotografías.

La niña que sale en la foto vive en la Ciudad de los Muertos, si se compara la mirada de la niña del Nilo con ésta en sus ojos se puede ver su diferencia



domingo 10 de agosto de 2008

... Y FUISTE A LA TIERRA 3ª Parte


En esos momentos de tensión, de máxima tensión, con el barco a punto de escorar noté una mano sobre mi espalda. Una mano fuerte que agitaba todo mi cuerpo, me desperté sobresaltado, me costó abrir los ojos, aún era de noche. Delante de mí vi la cara oscura de Salama, el patrón de la faluca con la que surcaba el Nilo. Me despertó para que pudiera disfrutar de un amanecer en el desierto.

Me costó unos instantes centrarme, había pasado una noche terrible soñando con temporales imposibles, con desafíos perdidos de antemano, con retos a una mar a la que yo jamás perdería el respeto, con llamadas inexistentes. Cuando fui consciente de donde me encontraba le agradecí que me despertara porque el espectáculo era impresionante.










lunes 4 de agosto de 2008

... Y FUISTE A LA TIERRA 2ª Parte

El barco seguía cabeceando bruscamente, tanto que cada vez que la proa se hundía en sus entrañas la cubierta se transformaba en otro pequeño mar. En esos duros momentos mi barco formaba una simbiosis perfecta con el gran azul, no llegando a distinguir uno de otro. Incluso yo mismo me sentía parte de esa mar que ahora bramaba con fuerza; avisándome, incansable, que no siguiera, que virara y buscara refugio.

Seguramente ella no entendía cómo estaba ahí. Yo que tanto la amaba, que tantas veces la había respetado ahora, en un sinsentido, en una locura constante, me enfrentaba a ella. Me hubiera gustado explicarle que la amaba, que mi vida sin ella carecía de sentido pero que en esos momentos no necesitaba su compasión, ni su respeto…ahora necesitaba vencerla. No, no es correcto ese verbo porque para vencer tiene que darse una lucha y yo no la quería como contrincante, la amo demasiado, pero si quería demostrarme que tenía el coraje suficiente para estar con ella, no contra ella, en los momentos en que el Dios Poseidón se enfurece, al igual que le ocurrió a Ulises yo necesitaba llegar a Itaca. Necesitaba superar esa prueba.

El móvil volvió a moverse dentro de mi pantalón, así estuvo varios minutos, pero me daba igual quien fuera la persona que se encontraba al otro lado marcando mi número insistentemente.

Con mi mano izquierda intenté apartar de mi cara el agua del mar mientras con la mano derecha asía con fuerza la caña del timón.

La botavara se movía bruscamente, a pesar de mis intentos para que la mayor aguantara los embates del viento. Sin darme cuenta una ola entró por estribor. Todo el barco se balanceó. Ese golpe de mar, junto con el cabeceo constante hizo que el barco se escorara. No me dio tiempo a reaccionar.

lunes 28 de julio de 2008

... Y FUISTE A LA TIERRA 1ª Parte


“¿Dónde ir con tu sangre de mar exasperado,
con tu acento de mar y tu revuelta lengua clamorosa
de mar cuya ternura no comprenden las piedras?
¿Dónde?... Y fuiste a la tierra”

Miguel Hernández




Cuando dejé el móvil encima de la mesa fui consciente de que seguramente esa sería la última vez que hablaba con ella. Lo más triste de todo es que durante la conversación llegué a intuir que jamás volvería a oír su voz y no fui capaz de decirle nada importante, o al menos algo que valiera la pena recordar. Quizás es que en el fondo me daba igual. Lo que no sé, ni sabré nunca, es si ella también sabía que esa sería nuestra última conversación.

Salí del camarote, hastiado de todo, me fui hacia la proa del barco y levanté la vista al cielo. Estaba lloviendo, el agua caía fuerte, con rabia, pero me dio igual empaparme, incluso pensé en que ese líquido lograría purificar mi alma, o al menos limpiar el dolor que en esos momentos recorría mi cuerpo. El agua se mezclaba con mis lágrimas, me sorprendió notar ese sabor salado en mi boca, esas lágrimas me desconcertaron porque, en realidad, no tenía ningún motivo para llorar; o si lo había yo no lo sabía.

Todo era extraño, ella, la conversación, mis sentimientos, o mis no sentimientos, mi rabia, mi indolencia, mi dolor, mis lágrimas sin motivo. La verdad es que desde hacía tiempo todo en mi vida era anormal. Sin saber ni cómo ni por qué en los cimientos que sustentaban mi existencia se fueron abriendo grietas, transformándose de pequeñas líneas a grandes cauces de ríos, cavidades cóncavas por las que se iban arrastrando todas mis miserias…y mis ilusiones. Y yo ahora estaba ahí, de pie en mi barco, agarrado a la jarcia, con mi mirada perdida en el gris de las nubes, con mi cuerpo empapado, sin capacidad de pensar, agotado y con ganas de parir una nueva vida.

- ¡eh! Amigo ¿se encuentra bien?

Me giré, en el pantalán vi a uno de los marineros del puerto con su chubasquero amarillo mirándome atónito.

- Si, perfectamente.

Quité las defensas y los cabos de amarre. Arranqué el motor.

- ¡con este temporal no puede salir!

Dirigí la proa del barco hacia la salida del puerto, mientras, cerré las escotillas para que no entrara agua en el interior del barco y, contraviniendo todas las normas, icé la mayor junto con el tormentín con la clara intención de enfrentarme a esa mar que tantas veces había amado y que ahora me avisaba, con sus olas y vientos, que no la retara, que no era momento de navegar…pero no podía volver a puerto. Me sentí como esos asesinos que desafían a la policía y van dejando pistas porque en el fondo quieren que los pillen, así estaba yo, poniéndoselo fácil a la mar para que me venciera. Ahora o nunca.

En el momento en que rompió la primera ola en mi proa noté que el móvil se movía acompasadamente en el interior de mi pantalón, el barco cabeceó bruscamente, el móvil insistía pertinaz…

martes 22 de julio de 2008

FOTOS DE MI MEDITERRANEO









Hoy ha sido un buen día para navegar, ha soplado un poniente suave pero constante, con la mayor arriada. La verdad es que después de estar varios días sin salir a la mar siento como mi cuerpo pide encontrarse de nuevo en medio del gran azul. He navegado casi todo el tiempo relativamente cerca de la costa, a unas dos millas náuticas, lo cual me permite observar con detenimiento el mundo que se encuentra al otro lado. Reflexionar sobre lo que en él ocurre y apreciar, aún más si cabe, mi soledad. Una soledad buscada y deseada, porque cuando estoy en mi barco sólo yo, o al menos eso creo, decido que rumbo tomar sin implicar a nadie. Es aquí cuando me siento más libre.

Ahora, una vez amarrado en puerto, ya de noche, sentado en la bañera del barco con el único ruido de los mástiles pegando delicadamente unos a otros, disfruto de otro de mis placeres…escribir. Mi otra gran pasión. Esta vez sin música y sólo con la luz de una pequeña lámpara y la lumbre del cigarro. Me siento bien, a gusto conmigo mismo, disfrutando de cada momento, de cada instante. Oliendo ese olor peculiar a mar, viendo como éste se va transformando en una inmensa alfombra negra.

Hay momentos que son especiales, que tienen magia; momentos sublimes en los que confío aún en que todos mis sueños se conviertan en realidad. Instantes en que miro al cielo y veo las constelaciones, estrellas diminutas ofreciéndome pequeños golpes de luz, momentos en que puedo llegar a verme a mi mismo, tal cual soy. Ya es tarde pero aún así, si prestas atención, oyes voces provenientes de los otros barcos, dándote cuenta que cada nave es un pequeño mundo lleno de gente buscando el rumbo correcto, o simplemente con un rumbo, sin que sea necesariamente el correcto.

Cuando entré en el puerto, justo en el momento del atardecer, saqué la cámara de fotos e intenté captar ese instante efímero en que el sol desaparece con la vana ilusión de tenerlo atrapado. Ahora, cuando ya es noche cerrada y miro las fotos, me doy cuenta de mi pequeñez ante ese instante encerrado en un cristal.

Os dejo en mi cuaderno de bitácora las fotos antes mencionadas, quizás para muchos no sean más que una puesta de sol, sin nada especial, pero para mí ese atardecer tras las montañas es mucho más, porque durante muchos, muchos años, he compartido ese momento con gente especial. Esas montañas son las mismas montañas que he visto toda la vida desde mi habitación, ese mar es el mismo mar que he visto teñirse de colores o transformarse cuando de repente cambiaba el viento y el mistral se levantaba fuerte y teníamos que entrar en el puerto. Esa playa es mi playa, donde he crecido. Ese pueblo es mi pueblo, del que, a pesar de estar lejos… me siento tan cerca, en definitiva ese en MI MEDITERRANEO.












domingo 20 de julio de 2008

PREMIO "NUNCA ES TARDE PARA EMPEZAR"


Eva María, desde su blog "Pequeños besos de luna" me ha regalado el premio "Nunca es tarde para empezar".


Muchas gracias.

Este premio lleva implícito hacer públicos diez sueños o deseos, estos son los míos:


1º.- Que se acabe el hambre en el mundo.

2º.- Que no haya más guerras y que vivamos todos en paz, independientemente del color, religión o nacionalidad.

3º.- Que todos seamos un poco más tolerantes, o mejor dicho, mucho más tolerantes.

4º.- Que mis hijas sean inmensamente felices y se cumplan todos sus sueños.

5º.- Esforzarme en ser un buen padre y buen ejemplo para mis dos princesas.

6º.- Que la gente que me rodea sea feliz, o al menos, que la vida no sea tan complicada como lo es en determinados momentos.

7º.- Que sepa, y pueda, llegar a Itaca.

8º.- Que sepa afrontar con valentía las tormentas y temporales que a veces se cruzan en mi rumbo.

9º.- Esforzarme en ser mejor persona.

10º.- Ser honesto conmigo mismo y con los que me rodean.



Este premio debe ser entregado a tres personas, y aquí es donde, espero que lo le siente mal a nadie, rompo las reglas y lo regalo a tod@s los que me leen y están ahi detrás; por que para todos creo que "NUNCA ES TARDE PARA EMPEZAR"