miércoles, 23 de diciembre de 2009

...UN TIPO QUE SUELE LLORAR


Estas navidades tampoco iré a mi pueblo… y no os imagináis como lo siento. Desde el mes de agosto que no piso la arena de mi playa, que no huelo la sal de mi mar, que no piso la cubierta de mi barco, que no siento las gotas de agua salpicando mi cara mientras la proa rompe con furia el Mediterráneo.

Alguien puede pensar que no es para tanto… y es cierto. Para alguien que no se ha criado a merced de la mar puede que no lo entienda.

Sin embargo juro que hecho de menos las noches estrelladas sentado en cubierta, hecho de menos a mi padre de pie en la proa tirando de las redes llenas de pescado mientras el sol quema su cara, hecho de menos a los viejos pescadores contando hazañas imposibles, hecho de menos sentarme en la arena de la playa vacía de turistas y contemplar el ir y venir de la espuma resbalando sobre la arena mojada, hecho de menos alzar la cometa al aire y verla volar, hecho de menos esos ojos negros capaces de enamorar a cualquier marinero errante, hecho de menos la osa mayor parpadeando sobre ese mar de estrellas, hecho de menos el viento que trae su aroma, hecho de menos las risas de mis hijas mientras la mar salpica sus cuerpos…hecho tantas cosas de menos.

Sin embargo hay algo que compensa todas esas carencias y es cuando llega el momento de cerrar los ojos y verme de nuevo sentado en el banco de popa. El viento entra por estribor, abro la mayor y el génova, viro a sotavento y me acerco a la costa. El barco se escora y coge velocidad. Yo continúo con mis manos asiendo fuertemente el timón. La mar se pone brava, como si me retara, aunque tengo la certeza de que en el fondo me ama, de que agradece mi presencia…y llora por mi ausencia.

El año está a punto de terminar y yo sigo camino hacia Itaca. Navego con la esperanza de algún día llegar a esa mágica isla y entonces arriaré mi bandera, atracaré el barco y buscaré a Penélope; aunque tengo la certeza de que ella me estará esperando sentada en un banco del viejo puerto.

He pasado momentos jodidos e incluso a veces he llegado a plantearme la posibilidad de abandonar, de dejarlo todo. Sin embargo sé que, como dice la canción, “la vida vendrá y me besará en la boca” y entonces yo, que soy de esos tipos que suelen llorar, mis lágrimas cubrirán todas las heridas haciendo que cicatricen.

Cuando eso ocurra habré llegado a Itaca…

jueves, 3 de diciembre de 2009

COMPAÑEROS DE TALLER


¿Os acordáis que hace un tiempo os hablé del taller de relatos al que voy todos los martes? Pues deciros que sigue siendo una gran aventura asistir a esas clases, de hecho estoy deseando que sean las siete de la tarde para ir a clase. Luego, poco a poco van llegando mis compañeros en esta travesía por el mundo de las letras.
No os podéis imaginar como disfruto oyendo sus historias. Ya comenté en otro post que somos muy diferentes unos de otros y por supuesto eso se refleja en las historias que escribimos.
Pero si os hablo de mis compañeros también tengo que hablar de la capitana de la nave, Lourdes. Una mujer vitalista y que disfruta inventando relaciones de un personaje con otro, fiestas imposibles y familias dignas de una película de Almodóvar. En fin, que me encanta la forma que tiene de involucrarse en las clases. Luego os explicaré con más detalle a que me refiero.
Sin embargo he de reconocer que tengo una debilidad especial por una componente de la tripulación, Pakita. Procuro siempre sentarme a su lado y así poder ver su cuaderno impoluto, su letra perfecta escrita con bolígrafo azul, disfrutar de su compañía… y de sus caramelos. Oír como lee con voz pausada me produce una sensación de tranquilidad difícil de explicar. Por otro lado es una mujer sabia en sus apreciaciones y con un porte elegante, pero de esa elegancia innata que solo poseen ciertas personas.
Ahora estamos trabajando en dos historias.
Por un lado tenemos a una comunidad de vecinos, con portería y kiosco incluido. Cada uno de nosotros tiene un personaje. Debe darle forma, hacer que los demás se lo crean. Luego se producen varias situaciones, conflictos y por supuesto cada uno lo resuelve en función de cómo sea su personaje.
A mi me ha tocado ser una mujer de unos cuarenta años, con una hija de catorce y que se ha ido a vivir a cada de su madre. Mi marido es un maltratador y no me ha quedado más remedio que marcharme de ese infierno. Luego, a medida que han ido pasando los días, mi vida ha transitado por situaciones más o menos reconfortantes.
De todas maneras cuando se haya cerrado el círculo os hablaré de ella. Ahora solo os adelanto que mi personaje se llama Joanna.
La otra singladura en la que nos hemos visto inmersos ha resultado ser una aventura llena de risas, de buenas sensaciones, con la que hemos disfrutado muchísimo todos. Consistía en lo siguiente. Lourdes, la profesora, nos ha dado una frase, a partir de ahí teníamos unos tres minutos para escribir. Después de ese tiempo le pasábamos al compañero el escrito y así sucesivamente, con lo cual cada uno tenía que leer lo que había escrito el anterior y continuar el relato.
En este ejercicio es donde más se ha visto lo diferentes que somos unos de otros. Evidentemente sabías donde terminaba uno y empezaba otro por el tipo de letra pero también por el contenido. Javi siempre enlazaba los relatos con el tema del sexo, drogas y violencia, luego venía Pakita y claro, como estaba desconcertada por lo que había puesto anteriormente Javi pues solo escribía un par de líneas. Después de Pakita iba yo y, obviamente aquello era cada vez más difícil de darle forma. Pasados los tres minutos se lo dejaba a Sergio, que después de leerlo me miraba con cara de no entender nada y después de Sergio venía María. En esos momentos yo esperaba su reacción, es decir, soltar una carcajada consiguiendo contagiar a todos los demás. Lo cierto es que María es de risa fácil y eso es de agradecer. También es una persona super atenta a todo lo que escribimos y eso también es de agradecer.
En fin…en el siguiente post os hablaré de los que faltan que tampoco tienen desperdicio y por supuesto de la comunidad de vecinos de “els quatre gats”.

lunes, 23 de noviembre de 2009

SEVILLA Y BENEDETTI



Durante toda la noche la mar ha estado en calma, pero mi alma no. Me he levantado cuando aún no había amanecido. El camarote se ha convertido en una pequeña prisión, he tenido que salir a cubierta. Un suave poniente golpeaba mi cara mezclándose con mis lágrimas. Al fondo miles de luces alumbrando vidas…seguramente mejor que la mía.

¿Motivos para estar así? No lo sé, juro que no lo sé ó quizás sí y lo único que tengo es miedo a la respuesta. Desconozco cuanto tiempo he estado ahí, de pie, oteando un firmamento lleno de pequeñas constelaciones. Al final he bajado de nuevo al camarote. Desnudo, he dejado que el agua de la ducha resbalara por todo mi cuerpo. Con los ojos cerrados, con los brazos alzados, con las piernas abiertas, con mi corazón rasgado he deseado que las gotas fueran arrancando mis miserias. En esos momentos, no sé porqué extraña razón mis pensamientos se han centrado en dos deudas que tengo pendientes.

Al salir de la ducha he preparado una cafetera y he abierto uno de los cajones donde suelo guardar fotografías y recortes de prensa. Al final he encontrado lo que buscaba.

El olor a café recién hecho ha invadido todo el camarote. Me he servido una taza. Luego mis ojos se han centrado en las fotografías y ahí estaba una de mis ciudades mágicas y a la que afortunadamente tengo la suerte de volver, aunque solo sean cinco días, todos los veranos. SEVILLA. De ella me gusta todo, absolutamente todo. Sus calles, su gente, su luna creciendo desde el Guadalquivir, su vida, su olor, su barrio de Santa Cruz, su Triana…

Junto a las fotografías de Sevilla recortes de periódicos que hablan de la muerte de Mario Benedettí. Hacía tiempo que tenía ganas de dedicarle unas líneas pero por unos motivos o por otros no encontraba el momento adecuado. De él tampoco tengo mucho que decir más que, donde quiera que esté, darle las gracias por tan buena compañía y por tantos favores. Gracias MAESTRO.

Por la ventana del camarote veo que el cielo está gris… menos mal que tengo fotografías de Sevilla y poemas de Benedettí para iluminar el rumbo hacia Itaca.

jueves, 5 de noviembre de 2009

TALLER DE RELATOS

Llega la hora de escribir. La hora mágica en la que la luna te arropa para que estas noches otoñales sean más llevaderas. La hora en la que cierro los ojos y me imagino navegando. La hora en que me pregunto porqué me cuesta tanto ser feliz. La hora en que oigo una y otra vez la canción “Boig per tu” (Loco por ti), una canción de un grupo catalán llamado Sau. No estoy pasando el mejor momento de mi vida. No culpo a nadie de eso, seguramente mucha parte sea responsabilidad mía. Sin embargo hay algo que hace que los días sean un poco más llevaderos.

Llevo un mes apuntado a un taller de escritura. Voy dos horas todos los martes… y me lo paso genial. Somos un grupo totalmente heterogéneo. Ahí radica la riqueza del conjunto. Cada uno de nosotros tiene una sensibilidad, una forma de entender la escritura, en definitiva una forma de entender ¿la vida? Allí escribes, lees en voz alta tus relatos. Oigo como mis palabras van quebrando el silencio. Siento como el pudor que me provoca el abrirme a la gente hace que mis manos tiemblen (aunque procuro disimularlo). Quisiera ser capaz de escribir de otra manera…fingir un poco más.

Me gustaría que nos vierais ¡qué diferentes somos! Pero fijaros, un día la profesora planteó un ejercicio. Había que trabajar la construcción de una historia. El argumento principal se basaba en una cita que iban a tener, durante la tarde noche, un padre y una hija. Hacía tres años que no se veían. Ella había estado en el extranjero.

Lourdes, la profesora, dividió la trama en cuatro partes. Teníamos que imaginarnos, desde el punto de vista del padre, como sería la mañana, el medio día, la cita con la hija y la noche, es decir, cuando llega a casa después de haber estado con ella. A mí me tocó imaginarme como sería la noche y, sin haber hablado nada entre nosotros, coincidí bastante con Salva, un compañero que tuvo que escribir sobre la cita y también con Álvaro, que escribió sobre la mañana y con Juan Carlos, sobre todo en los whiskys del protagonista.

Cuando terminé de leer mi relato hubo unos segundos de silencio, luego la profesora dijo que le había gustado. Me relajé. Los compañeros respondieron que también. Bueno, no a todo el mundo, o al menos esa impresión me dio, de hecho le di el relato con la esperanza de que si lo leía con tranquilidad quizás acabara gustándole.

Ahora hemos empezado a tratar el tema de los personajes. Será divertido. Solo os adelanto que yo soy una mujer que abandona al cabrón de su marido, tengo una hija adolescente (Juan Carlos) y he tenido que ir a vivir con mi madre (Carmen). Todo ello dentro de una comunidad de vecinos. En fin, creo que nos lo pasaremos bien. Ya os tendré informados.
Os dejo el relato. Espero que os guste.


Las notas del saxo de Charlie Parker inundaron la habitación. En mi mano izquierda un vaso de whisky. Los hielos golpeando suavemente contra las paredes de vidrio. El humo del cigarro enredado entre mis dedos. Las luces de neon reflejándose en las oscuras paredes, moviéndose como sombras chinescas. Colores rojos. Colores azules. Colores verdes. El olor a soledad invadiendo cada esquina del cuarto. Las gotas de lluvia golpeando contra el cristal, deformando la realidad, mezclándose con mis lágrimas y yo…, yo de pie junto a la ventana con la mirada perdida en alguna parte, o quizás en ninguna parte.
Los vehículos iban y venían en un frenético laberinto de casas, de luces, de agua. En la calle apenas había gente. Personas que pasaban unas al lado de otras sin tan siquiera mirarse. Obviándose.
Aplasté el cigarro. Mis ojos se centraron en la pantalla del portátil. Posé el vaso de whisky en la repisa de la ventana. Fui hacia la mesa. Me senté. Encendí la luz de la lámpara. Acerqué el marco con la fotografía de mi hija. Los dedos se posaron sobre el teclado, pero no se movieron. A ellos también les atenazaba el miedo igual que a mí. Miré de nuevo el retrato. Tomé fuerzas. Respiré hondo. Abrí el blog.
“Hoy, después de tres años, he visto a mi hija. Se ha convertido en toda una mujer, en una hermosa mujer. Lo cierto es que me ha recordado mucho a su madre y eso me ha hecho feliz. Dicen que la felicidad es un momento, un instante, que no es ni siquiera un estado de ánimo, dicen que es algo que pasa y debes intentar rozarla, sentir que ese soplo está ahí. Yo esta tarde he notado su presencia. Sin embargo, quizás sea mi destino, cuando creo que tengo el rumbo correcto hacia Itaca siempre llega un golpe de mar, unos vientos que consiguen arrastrarme a las afiladas rocas de los acantilados.
He escrito esto para ti, para mi princesa (de pequeña te gustaba que te llamara princesa ¿te acuerdas?).
Cuando naciste tu madre murió. Nunca te he hablado de ese momento; tampoco hay mucho que decir. Todo fue muy rápido. Recuerdo que aún tenías el cordón umbilical colgando. Te posaron sobre su pecho. Tu madre estaba exhausta, agotada por el esfuerzo, pero aún así me dedicó una maravillosa sonrisa. Yo le respondí con un beso. Fue la última vez que sentí su piel sobre la mía. En unos instantes estalló el infierno. La hemorragia. La sangre. Las prisas. Los gritos. Hombres y mujeres de bata blanca corriendo de un lado a otro. El final.
Luego te acuerdas del amor entregado sin tapujos, sin contraprestaciones, un amor libertario sin orden ni esquemas preestablecidos… porque no nos hacia falta. Era así. Crees que es imposible que todo ello se quiebre. Por ella - y con ella - te sientes inmortal. Nos comportamos como niños creyendo que nuestro amor es igual que la verdad, que pase lo que pase siempre prevalece ante la infamia. Inquietante y dolorosa ingenuidad. Pretendes saciarte de vida, emborracharte de vida, comerte la vida. No te das cuenta – no nos damos cuenta – de la dificultad de la tarea encomendada. Lo difícil no es vivir, lo extremadamente complicado es superar el miedo que nos da, a veces, vivir.
Ahora has vuelto y yo, en cambio, me marcho para no volver. Otra vez el infierno.

Esta mañana he ido al médico. Tenía la esperanza de que se equivocaran, sin embargo han confirmado el diagnóstico. Como mucho me quedan seis meses de vida. Soy consciente de que puedes reprocharme el no habértelo dicho pero sinceramente, no me veía con el valor suficiente para hacerlo. Te veía tan feliz.
Cuando leas esto yo ya no estaré aquí. Solo te pido que me comprendas. No quiero sufrir ni que me veas sufrir. Quédate con lo bueno de todos estos años juntos.
Ahora mismo cierro los ojos y busco tu olor, tu mirada llena de inocencia, tu primer “papá”, tu piel, tus besos al llegar a casa después del trabajo, tus confesiones, tus “siéntate y hablamos”, tus “te quiero”, tu amor entregado a raudales sin esperar nada a cambio, tu primer dibujo, tu primera foto, tu primer libro, tu primer poema, tu primera cometa…
No te imaginas cuanto te quiero ni cuanto te echaré de menos.
Al resto de gente que está detrás de esa pantalla de cristal líquido y que día a día nos hemos ido conociendo deciros que ha sido un verdadero placer teneros como compañeros de viaje, pero ahora toca cerrar este cuaderno de bitácora. Este último viaje debo emprenderlo sin compañía.
Por casualidades de la vida mi blog se llama “Caminando hacia Itaca” y creo que ya he llegado...ahora veo Itaca al fondo, esperándome.”
Pulsé con fuerza la tecla de intro. Mi última entrada en el blog ya estaba publicada. Apagué el ordenador. Bajé la tapa. Abrí el primer cajón de la mesa. Cogí mi arma reglamentaria. Introduje el cargador. Sentí el frío de su boca rozando mi piel…


jueves, 29 de octubre de 2009

NOSTALGIA


Por la ventana de la habitación se colaba un suave levante acompañado por la luz plateada de la luna. De fondo el ruido de la mar susurrando un ir y venir pausado, deslizándose sobre la arena de la playa, moviéndose acompasadamente. Delante de mí la pantalla del ordenador iluminándome la cara y en la pared fotografías de ciudades. París, Londres, Lisboa, Estambul, El Cairo…urbes cosmopolitas rebosantes de vida, y de vidas. A su lado, instantáneas de mi mar, de mi Mediterráneo, de mi barco, retratos de la gente que quiero, imágenes de verdaderos hombres de mar que consiguieron transmitirme el amor que solo ellos pueden entender hacia ese universo azul.

Hace meses que no salgo a la mar y ¡Dios! lo deseo tanto. Necesito salir a navegar. Sentir como mi proa se hunde para luego elevarse hasta el infinito. Ver como la mayor se hincha preñada del viento que azota todo su cuerpo. Notar mis manos empapadas de agua asiendo con fuerza el timón. Estremecerme cuando el mistral golpea la popa de mi barco y hace que éste se enfurezca. En esos momentos mi Puma no navega, en esos instantes mi barco cobra vida y vuela sobre la espuma blanca rozando el agua con cuidado de no lastimarla.

Deseo estar allí.

A medida que van pasando los años te das cuenta que la añoranza, la melancolía, la nostalgia por tiempos pasados va en aumento. Quizás ese sea el motivo por el cual deseo volver a reinventarme. Buscar razones nuevas para seguir luchando.

Necesito tu presencia para que la fuerza no me abandone. Sentir que estás ahí. Imaginarme sentado junto a ti mientras vas trepando por mi piel. Mirarte sin concesiones, sin tapujos mal entendidos, sin miedo. Observarte con detenimiento mientras te mueves de un lado a otro. Ver como te abandonas dentro de mí.

Hace unos días María, mi hija pequeña, me preguntó “¿te gustaría volver al pueblo?”. Creo, o mejor dicho, estoy seguro que ella sabía perfectamente la respuesta pero no sé el motivo por el cual lo preguntó. Ella sabe que me cambia la cara cuando huelo su aroma, cuando voy acercándome a la arena, cuando veo la mar. Cada vez me cuesta más separarme de ella.

De momento tengo que conformarme con imaginármela.

martes, 21 de abril de 2009

PREGUNTAS E INQUIETUDES

Lo cierto es que ahora no navego tanto como yo quisiera. Ahora contemplo la mar desde mi atalaya. Sin embargo, a través de la ventana, puedo oír en las noches de tormenta como el agua golpea el cristal. En las noches en que estoy solo, sentado delante de mi ordenador, escribiendo mi historia, siento como la mar se acerca y me regala su olor, me envuelve, me atrapa sin ningún tipo de consideración y yo…me dejo amar.

Al principio, cuando abrí esté blog, escribía para mí. Nadie me conocía, nadie sabía que había iniciado una ruta, un camino hacia Ítaca. Luego, la fortuna, el azar o la simple coincidencia hizo que fuera encontrándome con otros navegantes; hombres y mujeres que seguramente también estaban buscando algo. Quizás no una isla, no un destino; quizás lo único que intentaban era encontrar un sitio en este diminuto, pero intenso, mundo de los blogs.

Me gustaría entrar más, escribir post que consiguieran atraer a nuevos lectores y navegantes, pero ando inmerso en mi aventura y eso, os lo juro, me lleva tiempo, miento, no sólo me lleva tiempo también me roba fuerzas para poder recrear nuevas historias.

Mis personajes se escapan, me sorprenden. Hay noches en que cobran vida propia y escogen un camino completamente diferente al señalado. Cuando eso ocurre tengo que volver a parar y plantearme quién es ese hombre o mujer que yo había creado y ahora, sin darme cuenta, se escapa del folio e inicia una nueva vida.

Ahora, un hombre y una mujer se han enamorado, con pasión, con locura desmedida y sin embargo ambos sospechan que en un momento de su vida, años atrás, se hicieron daño. Y yo me pregunto ¿se puede amar a quien sabes, o sospechas, que fue el o la causante de un daño
inmenso? ¿Se puede odiar con todas tus fuerzas a la misma persona con la que deseas hacer el amor, entregarte a ella una y otra vez? ¿se puede desear acariciar esa piel al mismo tiempo que te produce nauseas sentir su mano sobre tu cuerpo?

En fin…preguntas e inquietudes.