viernes, 5 de diciembre de 2008

ESPERO QUE OS GUSTE

Hacía tiempo que no salía a navegar y lo cierto es que lo necesitaba, así que nada mejor que una pequeña travesía. Quizás no sea el mejor día pero cuando la necesidad apremia no importa de dónde venga el viento, ni si la mar está en calma, sólo importa el valor para enfrentarte a ese maravilloso mundo azul.

Llueve y el viento sopla fuerte pero… me siento con ganas de confundirme con la mar. Nada más salir del puerto hizo la mayor, me obliga a virar, no puedo ni debo, acercarme demasiado a los acantilados. Estoy en la popa, de pie, con la rueda del timón entre mis manos. Desde ahí observo como la proa empieza a cabecear, a hundirse en sus entrañas, en esos momentos el agua golpea mi cara, de tal manera que el agua salada y el agua dulce de la lluvia se confunden en mi cara. De repente vuelve a resurgir, se levanta, mostrándose majestuosa, para, súbitamente, volver perderse de mi vista.

La mayor sigue hinchada, preñada por el viento que cada vez con más fuerza la va poseyendo. Soy feliz, sintiéndome de nuevo en comunión perfecta con mi mundo. Noto la adrenalina brotando de mis entrañas pero no tengo miedo. Yo respeto a esa mar que ahora brama en un vaivén de locura y sin sentido. Ella sabe que navego por necesidad no por retarla, jamás se me ocurriría retarla porque sé que estoy en su mundo. De pequeño me enseñaron que a la mar hay que quererla, mimarla pero jamás, jamás desafiarla.

La navegación se pone complicada, el viento ha girado y empieza a soplar con más fuerza obligándome a virar de nuevo. Mis manos empiezan a dolerme de apretar con fuerza el timón. Me cuesta abrir los ojos, el agua forma una telaraña de mil hilos enredándose en mi retina. Al final tengo que recoger la mayor y regresar a puerto.

Atraco el barco en el pantalán. Entro dentro del camarote, me seco, enciendo un cigarro mientras el olor a café impregna toda la estancia, pongo música, un Cd de una cantante Gala Evora, un gran descubrimiento y… releo el inicio de lo que un día espero que sea mi novela.

Dejo en mi cuaderno de bitácora el principio de ella.

ENCUENTRO CON GUILLERMO

Vi llegar a Guillermo desde la cristalera de la cafetería. Le observé con detenimiento mientras se acercaba. Era un hombre meticuloso, observador, no dejaba nada al azar, nada que pudiera sorprenderle y así se comportó desde el momento en que le vi bajar del coche.

Había pasado un año, pero nada en él había cambiado, ni su forma de comportarse ni su aspecto. Seguía con sus gafas cuadradas de montura oscura, impecable en el vestir, siempre con ropa de marca. Era alto, casi un metro noventa, musculoso, bien parecido, tez oscura, pelo moreno y ojos negros. A mi siempre me recordaba a los modelos que suelen salir en las revistas de moda, pero ese aspecto no le había perjudicado en su trabajo, todo lo contrario, esa presencia impecable le había facilitado, en muchas ocasiones, el trabajo de policía

Entró en la cafetería, sus ojos recorrieron de forma rápida e imperceptible cada uno de los rincones del establecimiento. En unos instantes había fotografiado mentalmente el lugar y la gente que se encontraba en su interior. Sabía que si en esos momentos le digo “cierra los ojos y descríbeme la cafetería”, lo hubiera hecho con una exactitud casi perfecta.
Se acercó a la mesa. Me levanté, nos fundimos en un abrazo.

- Eres un cabrón – fue lo primero que me espetó en la cara.

- Pues si que empiezas fuerte. Anda sentémonos ¿qué te pido?

Yo me senté pero él continuó de pie.

- Llevo un año intentando contactar contigo. Te he mandado mensajes, te he dejado miles de llamadas perdidas, he preguntado por ti y nada, como si nunca hubieras existido ¡joder! Al menos hubieras podido mandarme un puto sms, aunque sólo fuera para decirme que estabas bien.

Cuando terminó de sacar toda su rabia se sentó. Ahora era mi momento de hablar.
- Lo siento, pero es que no estaba bien. Compréndelo.

- Y una mierda. Después de todo lo que hemos pasado juntos no merecía el trato que me has dado. Tú y yo somos más que compañeros de trabajo somos como hermanos, o al menos eso me decías.

- De verdad Guillermo, lo siento y por cierto, sabes que te quiero como un hermano.


- Que te jodan – se quedó unos minutos en silencio contemplando la mesa, al final levantó la vista, puso su mano sobre la mía – bueno ya me he desahogado y ahora ¿qué tal estás Marc?

- Bueno, sigo con las pastillas, pero poco a poco me voy acostumbrando a vivir solo – me costó decir esa frase, tanto que yo mismo noté como el tono de mi voz se iba diluyendo entre las palabras de la gente que allí se encontraba – pero no es fácil.

- Ya me imagino, miento, no me lo imagino, pero tú eres fuerte, tienes que seguir, atraparemos a esos cabrones, más tarde o más temprano les pillaremos y entonces podrás descansar tranquilo.

- No – respondí. Esperé unos segundos para seguir hablando - yo lo dejo. Te queda para ti el trabajo de atraparles, yo abandono el barco. Acabo de venir de Jefatura. Solicité la baja del Cuerpo y hace unos días me llamaron para decirme que ya estaba todo tramitado y que pasara a firmar la baja.

En esos momentos vino una camarera. Al ver que yo estaba tomando un café le preguntó a Guillermo si quería algo.

Apartó su mano de la mía pero sus ojos seguían clavados en mis pupilas.

- Guillermo ¿quieres tomar algo?

- No puedes abandonar, ahora no.

- Tráigale un descafeinado de máquina con sacarina – después de tantos años juntos conocía perfectamente sus gustos y lo que tomaba a esas horas de la mañana. Pero él continuó hablando, ignorando por completo lo que estaba sucediendo a nuestro alrededor.

- Ese no es tu estilo, si abandonas ahora es como si te dieras por vencido, como si te rindieras.

- Y tienes razón – le interrumpí – me rindo. No quiero saber nada…ésta ya no es mi guerra.

Agachó la cabeza, tapándose la cara con las palmas de las manos. Así estuvo unos minutos, creo que intentado asimilar lo que le acababa de decir, al final levantó la vista para volver de nuevo a mirarme fijamente.

- No te entiendo, no te reconozco. Tú siempre has sido como un perro de presa, infatigable, insistente hasta el final y ahora que es cuando te toca de cerca me dices que lo dejas todo. De verdad que no te entiendo pero te apreció demasiado como para no respetar y apoyar tu decisión.

- Gracias, sé que para ti no es fácil entenderlo, pero de verdad que necesito empezar una nueva vida.

- Bueno y ¿qué vas hacer?

Le trajeron el café descafeinado con sacarina, al verlo sonrió.

- ¡cómo me conoces!

- Como si te hubiera parido.

Desde que entró en la cafetería fue la primera vez que nos relajamos, esbozando ambos una sonrisa. Aproveché para contarle que durante ese año vendí el piso y que con el seguro y algo que teníamos ahorrado compré una casa situada en un acantilado. Me encantó nada más verla. La convertí en un pequeño hotel. También le conté que por fin me había sacado el título de patrón de yate y me había comprado un pequeño velero de doce metros.

- Has cumplido tus sueños, siempre me decías que te encantaría tener un pequeño hotel rural y un barco y mira, ya tienes las dos cosas.

- Es cierto, pero…joder he pagado un precio demasiado alto por ello. Hubiera preferido compartir esos sueños con las personas que más quería en este mundo.

Se quedó pensativo unos segundos.

- ¿te han comentado algo del atentado en Jefatura?

- No, y la verdad es que yo tampoco he preguntado. Quiero olvidarlo, no quiero saber nada.

- Se encontraron huellas en el coche abandonado por el comando, tenía preparada una bomba para que el vehículo estallara y borrar cualquier rastro pero falló el explosivo y…

Le interrumpí
- Guillermo, por favor, de verdad, no quiero saber nada. Sólo te pido que los atrapes, entonces sí, entonces llámame. Cuando llegue ese momento quiero mirarles a los ojos, quiero ver sus caras, aunque sólo sea por saber quien ha arruinado mi vida. Prométeme que cuando los tengas me llamarás.

- Te lo prometo – respondió volviendo a poner su mano sobre la mía.

- Gracias.

- Por cierto, sabes que Lucía pidió el traslado a Madrid, ahora está en Inteligencia. Hace poco que hablé con ella y parecía contenta.

- Me alegro, es una chica lista y buena policía. De las mejores Inspectoras que he conocido.

- La verdad es que lo tiene todo, es lista, buena persona y encima está buenísima. Mira que le he tirado los tejos veces pero nada de nada, siempre se me ha resistido, yo creo que sólo tenía ojos para ti.

- Eso no son más que imaginaciones tuyas.

- Que no Marc, que yo conozco a las mujeres y pondría la mano en el fuego a que si no hubieras estado casado ¡um! No sé que hubiera pasado.

- Eres un capullo – le dije sonriendo – te gustan tanto las mujeres que algún día serán tu perdición.

- La verdad es que tienes razón, pero es que no puedo evitarlo, veo un buen culo y me ciego. Pero bueno, me conoces y sabes que trabajando me centro en el tema – dijo intentando disculparse por el comentario hecho.


Guillermo era un buen policía, le conocía bien. Ambos habíamos coincidido en la Academia, luego a él le destinaron a Palma de Mallorca y a mí a Galicia, después de dos años coincidimos de nuevo en Bilbao. Un año después llegó Lucía. Durante seis años trabajamos juntos en la misma Unidad. Lo cierto es que entre los tres formábamos un buen equipo, Guillermo era un hombre educado, extrovertido, amable, con buena presencia, siempre elegantemente vestido, detalles todos ellos que ayudaban a que muchas puertas se abrieran; pero lo que más me gustaba de él era su intuición, su olfato para detectar cuando las cosas se podían torcer. En todos los años que habíamos trabajado juntos jamás se había equivocado.

Lucía era la antítesis de Guillermo. Siempre vestía con vaqueros y camisetas, normalmente blancas, que contrastaban con su melena de color negro. Era introvertida, seria, incluso seca muchas veces, de hecho costaba ganarse su confianza. Siempre estaba a la defensiva. Ella decía que era por su condición de mujer entre un mundo mayoritariamente compuesto por hombres. Solía decir “tengo que hacerme respetar y los hombres, la mayoría al menos, en cuanto una mujer os da un poco de confianza ya pensáis que quiere rollo con vosotros”. Pero cuando ella decidía que podía quitarse la coraza entonces te dabas cuenta que era una excelente persona.
Sin embargo he de reconocer que a pesar de trabajar mucho tiempo juntos, de pasar momentos malos, momentos que hacen que te unas aún más a la gente que tienes a tu lado, momentos de angustia y soledad, ella, sólo en contadas ocasiones quitó esa capa de acero que la envolvía y la hacía inescrutable. Pero aún así lo que más me sorprendía de ella era la facilidad que tenía para ponerse colorada, me sorprendía esa sensación de fragilidad que irradiaba. Lucía era puro contraste, una mezcla perfecta de dureza y dulzura a la vez, sobre todo cuando sonreía y te regalaba una palabra amable y cariñosa. En esos momentos ella conseguía que las tensiones que surgían entre el grupo de trabajo desaparecieran en un momento. Ella era nuestro catalizador.
Trabajando era minuciosa, detallista, tanto que a veces rayaba lo maniático. Siempre que le pedía que buscara algún dato que nos sirviera para la investigación ella me traía un informe minucioso, con rigor, sin dejar ningún cabo suelto. He de reconocer que al principió llegó a molestarme tanta precisión, tanta perfección a la hora de hacer un trabajo pero al final comprendí que cuando estás detrás de un tipo que va armado y que si te descubre no va a dudar en matarte no queda otra opción que ser meticuloso.

Me dolió marcharme de Bilbao sin despedirme de ella. Ahora teniendo a Guillermo delante sé que obré mal, o al menos no obré como debía haberlo hecho, pero en esos momentos, sinceramente, lo único que pensé era en huir, alejarme de todo y de todos, marcharme de ese infierno en que se había convertido mi vida.

- Bueno Guillermo, tengo que marcharme. Te dejo una tarjeta del Hotel, en ella está la dirección y el número de teléfono. Cuando quieras venir estaré encantado de recibirte, mi hotel será el reposo del guerrero.

- Si no te conociera pensaría que me estás echando los tejos – dijo sonriendo. Luego miró la tarjeta y vio el nombre del Hotel “ITACA” , movió la cabeza con un gesto de resignación, me miró a los ojos – Marc, espero que no sólo mires hacia Ïtaca, deseo que la encuentres porque te lo mereces.

- Me marcho, tengo una cita. Cuídate mucho y no bajes la guardia.

No me preguntó ni dónde, ni con quién era la cita, no hacía falta. Sabía que para esa cita no requería contra vigilancias, ni grupos de apoyo, sólo necesitaba que mi espíritu tuviera la fuerza suficiente para poder superar ese último adiós.

Me levanté, dejé un billete de cinco euros en la mesa. Al pasar al lado de mi amigo no pude evitar posar mi mano, durante unos segundos, sobre su hombro. Apreté con fuerza, el levantó la cabeza, dirigió su mirada hacia mis ojos llorosos. Tanto él como yo éramos conscientes de que seguramente sería la última vez que nos viéramos.

Cuando salí de la cafetería el cielo se había encapotado, un color gris oscuro en perfecta consonancia con mi espíritu. Cogí un taxi y me dirigí hacía mi última cita. Me pasé todo el trayecto mirando a través de la ventanilla. Miraba pero no veía nada. Las calles, los edificios, incluso la gente eran en esos momentos parte de un decorado, una película en la que me negaba a participar, a sabiendas de la inutilidad de mi esfuerzo por escapar de esa situación, mi alma seguía perdida, o mejor dicho, abandonada en alguna esquina de aquella ciudad.

Al llegar le dije al taxista que me esperara. Bajé del coche y me quedé de pie, impasible. Mis piernas eran incapaces de avanzar un solo metro. Mis ojos, hasta ese momento perdidos entre los recodos de calles y avenidas se centraron en la verja por la cual se accedía al cementerio. Me había preparado para el instante en que tuviera que atravesar esa puerta, pero jamás pensé que fuera tan, tan difícil. Había imaginado esa situación miles de veces, tenía mi alma y mi cuerpo preparado para ese momento. Aún así nada de lo imaginado se podía comparar a la soledad que estaba sintiendo en esos minutos.

Cerré los ojos, mi vida pasó delante de mí de forma entrecortada…las volví a ver y eso me dolió aún más. Era consciente del esfuerzo que me había supuesto el llegar a ese lugar y no podía, ni debía, marcharme sin entrar. Avancé, mi respiración se aceleró, mi cuerpo temblaba como una marioneta a punto de quebrarse, empujé la verja, como un autómata me dirigí al lugar donde estaban enterradas. Cuando vi sus fotos y sus ojos mirándome sentí como si una daga me atravesara el alma. Con mis manos rocé el pequeño cristal que cubría sus retratos. Sólo fueron unos segundos…y me marché.
Reconozco mi cobardía pero no podía resistir tanto dolor.

- Al aeropuerto, por favor.

Una vez en el lugar y tras realizar los trámites pertinentes, me senté en la sala de espera. Tenía varias pantallas de televisión delante de mi, gente moviéndose de un lado a otro, aviones despegando y tomando tierra, vidas desplazándose de un sitio a otro en busca, quizás, de esperanzas perdidas o de amores renovados pero nada ni nadie podía impedir que mi memoria se trasladara al Mediterráneo.

Yo ya no pertenecía a ese lugar, me quemaba el alma pensarlo. Abandonaba a las dos personas que más había querido en este mundo y sin ellas yo ya no tenía nada que me atara a esa tierra que en determinados momentos tanto amé. Ahora, solo, sentí la obligación que debía cerrar el círculo y regresar a mis orígenes, a mi playa, a mi mar, a mi levante, a ese pequeño pueblo del que jamás hubiera imaginado regresar de esta manera.

De repente la gente dejó de andar, de moverse de un lado a otro, sus ojos se detuvieron delante de las pantallas de televisión, se oyeron murmullos, me levanté de mi silla, miré el televisor. Era un avance informativo, emitían imágenes de un atentado con coche bomba contra una furgoneta de la Ertzaintza (Policía Autónoma Vasca) convertida ahora en un amasijo de hierros y con trozos de cadáveres esparcidos por todos los sitios. En unos pocos minutos la gente que se arremolinaba en torno a mí empezó de nuevo a tomar vida, sus pies de nuevo volvieron a moverse acompasadamente, sus ojos se vaciaron de rabia, su catarsis había terminado.
Me quedé solo delante de esas imágenes obscenas de muerte y dolor. Mi cuerpo se resintió, conocía los síntomas perfectamente, la respiración se me hizo cada vez más difícil, me ahogaba. Intenté tranquilizarme, busqué la pastilla entre mi bolso, la maldita pastilla que siempre llevaba conmigo para evitar esos ataques de ansiedad que desde hacía un año formaban parte de mí. Me dejé caer sobre la silla, en la mano la cápsula, la miré. Era plenamente consciente de que debía tomármela para evitar zafarme de ese dolor agudo que se clavaba en mi espíritu.

Con la cabeza agachada sólo vi sombras que se movían, pies yendo y viniendo, ruedas de maletas girando como la vida misma, voces hablando en alto, anuncios de salidas y llegadas de vuelos…en unos minutos todo el mundo se había olvidado de los muertos, del dolor de sus familias. Quizás deba ser así para evitar hundirnos en el infierno, pero no era mi caso, yo aún estaba en el infierno.

Mi mente se trasladó a un año antes.

Era tarde cuando llegué a casa después de una vigilancia de varios días, me metí en la cama terriblemente cansado, tanto física como psicológicamente. Intenté no moverme mucho para no despertar a Marta pero estaba tan abatido por la tensión sufrida que ni siquiera me di cuenta que ella no estaba. No sé cuantas horas llevaba durmiendo cuando me despertaron los llantos de la pequeña Raquel. Fui a su habitación, Marta la tenía en brazos intentando calmarla.
- Ya siento que te haya despertado pero, no sé que le pasa hoy, no hay manera de que deje de llorar. Estoy agotada, lleva así un montón de horas.

- No te preocupes por mí, anda, vete a descansar, ya me quedo yo con ella.

- Prefiero quedarme Marc, no sé, durante estos días que has estado fuera la niña ha estado con fiebre, flemas, no ha parado de llorar. Quédate en la cama cariño, voy a llevar a la niña a urgencias, no es normal que esté dos días así.

- Bien, como tu quieras, pero de verdad que no me importa acompañarte.

Acarició mi mejilla con su mano y me dio un beso.
- Te quiero - dijo

- Yo también te quiero, amor mío.

- Coge a Raquel y le pones una chaquetita mientras me visto

Volvió al cabo de unos minutos.
- Cojo tu coche, el mío aún está en el taller.

- Vale pero ten cuidado

Ella ya sabía lo que englobaba la frase “ten cuidado”.

- Venga Marc, no fastidies, ahora con la niña así no me pongo a mirar los bajos del coche ni de coña, además si tú casi siempre vas con el coche oficial. Métete en la cama y descansa. Cuando llegue a casa te despierto.

Desde nuestra habitación oí cerrar la puerta de la calle.
A los quince minutos me despertó una fuerte explosión, los cristales de la ventana esparcidos por el suelo, la persiana completamente abombada, los gritos de la gente, las sirenas volando hacia la muerte. Me quedé impasible, aturdido pero con el maldito presentimiento de que lo que había sucedido. Reaccioné, corrí descalzo por todo el pasillo, llenando mi planta de los pies de cristales, pero poco me importaba, la angustia se había clavado en mi corazón de forma brutal. Llegué a la ventana de la sala. El coche estaba reventado, de ellas apenas quedaba nada.

Había pasado un año y ahora, invisible para el mundo, sentado en una triste silla de un moderno aeropuerto aún recordaba el tacto de esa mano en la mejilla y de ese último beso.
NOTA: Aún falta retocar un poco, o mucho, todo pero me apetecía haceros partícipe de mi mundo.





15 comentarios:

Saritisima dijo...

Xavi: no sabes las veces q cruzando el mediterraneo busque tu vela y recordado tus historias... y tu persona... q no sabes lo q me alegra verte d nuevo.

Se q es una desgraciada y maldita realidad esa novela, pero solo deseo q la parte q t toca d cerca solo sea lo q se... y el trasfondo d la misma...

Llegas para quedarte??. Un besazo capitan

JESUS y ENCARNA dijo...

Bienvenido de nuevo Xavi, como veras nosotros no te perdemos de vista. Capitan.
Un relato largo y entretenido, al principio, me ha gustado que te echaras a la mar, luego la historia desvela los porques de la nueva vida, un final triste, duro, como los dias que corren en estos mundos.
Me has comunicado: agradable sorpresa, compañerismo, la Lucia por medio ¡eh!, rabia y tristeza, ternura de esa mano pasando por tu mejilla.
Todo en un relato...
Espero que continue, si espereas que te haga una critica mas concienzuda, vas apañao, por si no te acuerdas, prefiero navegar como grumete aprendiz.je.
Emocionado por tu vuelta.
Un abrazo incondicional.
Jesus y Encarna.
P.D. hace pocos dias puse un Post sobre "La Mar", espero, que si nos visitas le eches un vistazo.

Jolie: dijo...

Xavi entre un mar de gente, mar embravecido, vientos fuertes y rutas de navegante que descifrar... no me habia percatado que habias vuelto a las andadas...

gracias por compartir esa parte de ese genial mundo... se suele extrañarte por el puerto de este lado

me ha encantado venir a asomarme

Gise =) dijo...

Capitan bienvenido!!!!!!! hermoso relato, si hasta me dolian los ojos de tanta agua salada, te encanta navegar cuando llueve verdad, no es la primera vez que nos cuentas de una tormenta en alta mar...cuanta adrenalina y cuanto riezgo, debe ser bellisima esa sensación, me gustaría que algun dia me tocara navegar en esas sircunstancias...
El primer capitulo de tu novela es precioso y promete y mucho ehhhh!!! nos la dejaras leer toda antes que la publiquen???? ten cuidado esto es derecho de autor y nunca se sabe si alguien puede jugarte uan mala pasada...
Besukones gigantes y me alegro de leerte bien y con un proyecto tan lindo ya encaminado!!!! Te heche mucho de menos...sobre todo ahora que hace frio tus relatos de la mar traen el verano...

Amapola dijo...

Retocar poco a mucho es tu mundo y tú decides, yo lo acepto y lo entiendo tal cual................me alegra que sigas tu camino!
Saludos

MiMundo dijo...

...¡fabuloso Xavi!...sigue trabajando...me he alegrado con tu regreso...un abrazo...

mar dijo...

Sabes me ha encantado lo que he leido a pesar de tanto dolor en esas palabras..
Desde que empece a leerlo no he podido parar hasta terminarlo..me ha enganchado desde la primera linea..
Enhorabuena...
Un besito y una estrella.
Mar
Desde mi blog ya oli ese olor a mar que siempre nos traes con tus historias..;)

Chuspi dijo...

Jo Xavi..me has dejado tan impresionada que apenas sé qué decir..

Es un relato fantástico!, extenso pero escrito de maravilla, con todo lujo de detalles, eso sí, tan triste que me he quedado casi sin palabras.
Imagino que está basado en una historia real no?

Encantadisima de que hayas querido compartirlo, de verdad.!!!!

Muchos besos, mucho ánimo y hasta pronto, hasta cuando gustes si????

ElSilenciO... dijo...

aiiiinnsss mi capitán....me h encantado!!!como siempre tus palabras me llenan el alma, cada frase tuya se revuelve en mi mente dejandome una gran sonrisa...sigue adelante que kiero esa novela en mi biblioteca personal..aun asi sigo exandote de menos por akí, pero me alegro tanto por ti.
un besazo
tu pekeña Sara

bahhia dijo...

El relato claro que me ha gustado, no podía ser de otra manera, pero me ha gustado mucho más poder disfrutar leyéndote :-))))

JESUS y ENCARNA dijo...

Xavi, eo....
Yo recogi la botella, en la playa de la Barceloneta.
El mensage esta recibido.
Saludos.
Jesus

José Manuel dijo...

Es una obviedad que nos gusta, seríamos insensibles de no ser así...
Ya sabes que me alegro de volver a leerte...
Aprovecho para desearte unas felices fiestas.
Saludos

Sendieva dijo...

Te deseo unos días maravillosos que todo en este año que entra se te cumpla y te de la mayor fuerza y alegría para conseguirlo... muchos besitos Javi.

Ara dijo...

Hola Xavi:

Hacía tiempo que no sabía de ti y me he dado una vuelta por tu blog. Veo que tu novela va viento en popa. Sigue así, sin prisa pero sin pausa, que esto es una carrera de fondo.

Te dejo un regalo: un poema sobre ese mar que tanto quieres (no es mío, ya me gustaría). Un beso. Araceli.

El Mar:
Antes que el sueño (o el terror) tejiera
Mitologías y cosmogonías,
Antes que el tiempo se acuñara en días,
El mar, el siempre mar, ya estaba y era.
¿Quién es el mar? ¿Quién es aquel violento
Y antiguo ser que roe los pilares
De la tierra y es uno y muchos mares
Y abismo y resplandor y azar y viento?
Quien lo mira lo ve por vez primera,

Siempre. Con el asombro que las cosas
Elementales dejan, las hermosas
Tardes, la luna, el fuego de una hoguera.
¿Quién es el mar, quién soy? Lo sabré el día
Ulterior que sucede a la agonía.
(Jorge Luis Borges)

Ejco dijo...

Cuanto tiempo xavi, ya tenía ganas de leerte. Un abrazo