jueves, 21 de febrero de 2008

EL CAPITÁN 3ª Parte

Esta mañana mientras limpiaba el Puma he visto pasear por el puerto a la camarera del bar donde estuvimos el capitán y yo tomando una cerveza. Se ha parado delante de una vieja barca de pescadores, ha estado un buen rato y, la verdad, no sé lo que le habrán dicho pero desde luego algo gracioso por que se ha estado riendo. Luego se ha ido hacia la bocana del puerto, iba andando tranquilamente, como si tuviera todo el tiempo del mundo.

He estado un buen rato observándola, tenía una cierta curiosidad por averiguar a donde se dirigía. Para mi sorpresa, se ha parado delante de la hermosa goleta del capitán, ha estado paseando de un lado a otro, luego ha subido a la cubierta. Una vez arriba me ha dado la impresión, aunque no puedo asegurarlo por que había otros barcos que me tapaban la visión, que se ha estado paseando de popa a proa. Mientras caminaba iba acariciando la vieja, pero muy bien cuidada, madera. Luego se ha sentado apoyando la espalda en el palo mayor. Yo he continuado con mis quehaceres cotidianos en el interior del camarote.

Al terminar he salido de nuevo, he mirado hacia la goleta y ya no estaba. Durante el resto del día no he vuelto a ver a la joven. Después de cenar me he dirigido al bar, había quedado con el viejo marino para tomar unas cervezas.

Cuando he llegado al local el capitán se encontraba detrás de la barra hablando animadamente con la camarera. Al verme ha salido a la terraza con dos cervezas en la mano y la pipa en la boca.

Hemos estado hablando de mi vida y de su vida, sin duda mucho más interesante que la mía, de viajes con destino final y de viajes sin ruta ni destino. Después de hablar un buen rato me invitó a ir a su casa. Me sorprendió, pero por supuesto, acepté.

Llegamos a su casa. Me dio la impresión que era bastante grande. Subimos a una especie de estudio. Estaba lleno de libros, una pequeña tele, láminas de barcos, antiguos mapamundis, muchas fotos, cartas náuticas y lo más sorprendente, una de las paredes estaba llena de litografías de Gauguin, concretamente de la época que estuvo en la Polinesia.

- no te importa quedarte solo un momento, voy a ver a mi mujer y de paso subo algo para beber… por supuesto ron – afirmó sin posibilidad de discusión – a partir de cierta hora de la noche un marino que se precie – puso mucho énfasis en esta última frase – no puede tomar otra licor que no sea ron.

Mientras se fue me quedé mirando el lomo de los libros, la mayoría hacían referencia a temas náuticos, incluidas las novelas de Patrick O´Brian (qué buenos los personajes que creo, el capitán Jack Aubrey y el cirujano naval Stephen Maturin). Recuerdo que luego se hizo una película “Master and Commander”, protagonizada por Russell Crowe, en la cual interpretaba al capitán Aubrey.

Estuve observando las fotografías. En algunas se veía al capitán en compañía de una mujer, supuse que sería su esposa. Había fotos fantásticas de los mares del Sur, Tahití, la Polinesia. Me detuve en una foto en la que se veía a una adolescente, me sorprendió, creo que era…

Entró el capitán en el preciso momento en que tenía esa foto en la mano. La posé con cuidado. Se notaba que el viejo marino era un hombre sumamente ordenado, me di cuenta que no dejaba nada al azar, cada objeto ocupaba un lugar perfectamente establecido. Me dio la impresión que su mundo era como un jardín zen, en el que todo el universo giraba alrededor de la mar.

- por lo que veo le gustan los cuadros de Gauguin – pregunté.

- cuando mi mujer y yo éramos novios íbamos a la biblioteca del pueblo y pasábamos las tardes viendo libros de fotografías de barcos y de mapas del mundo. Un día descubrimos a Gauguin. Nos quedamos prendados de los cuadros que pintó cuando estuvo en la Polinesia. Ella y yo – continuó diciéndome el capitán – crecimos con nuestro sueño. Teníamos la certeza que un día compraríamos un barco y navegaríamos por todas y cada una de las islas que componen los mares del sur…y así fue. Recuerdo aquella época como la más feliz de mi vida. No he visto mar más azul ni arena más blanca. Éramos libres, nada ni nadie nos ataba a un lugar fijo. Fondeábamos en cualquier isla, pequeña o grande. A veces buscábamos un puerto por que había que calafatear la vieja goleta.

Bebió un sorbo del vaso de ron y se encendió la pipa. El característico olor a tabaco de pipa invadió el ambiente. Yo preferí un cigarrillo.

- tengo fotos de esos viajes, pero no hacen justicia. En esos lugares todo está revestido de una suntuosidad que abruma y no sólo me refiero a lo que está en tierra, también lo que se encuentra debajo del mar – hizo una pausa y con una media sonrisa me dijo - por desgracia las tormentas también suelen ser imponentes.

Se levantó y se dirigió hacia la estantería. Vi que cogía algo parecido a un cuaderno de bitácora. Lo abrió, buscó una página y me lo dio para que lo leyera.

- te importaría leerlo en voz alta – me dijo - así podré cerrar los ojos e imaginarme de nuevo en medio del Pacífico.

“Con el trapo libre, el viento aguanta en 20 nudos por la aleta de estribor, las olas han ido creciendo hasta hacerse gruesas, y hemos soportado dos noches de lluvia suave y constante y chubascos fuertes a ratos. La mayor se mantiene de momento arriada, tenemos un pequeño contratiempo en el mástil que esperamos resolver pronto. La cubierta vuelve a ser lo que era, un trozo más de mar.

La noche está cubierta y preparamos las velas para recibir los chubascos. No hay luna, es difícil saber dónde acaba el mar y dónde empieza el cielo. El horizonte ha desaparecido. De vez en cuando enormes rompientes brillan por el través y nos sacuden.

Una ola de viento del Nordeste se ha subido a lomos del olón gigante que viene del Norte... El viento nos deja en la estacada... El timonel intenta darle la popa al monstruo que se nos echa encima”


Cuando levanté la vista del relato vi que el viejo marino se había dormido. Lo tumbó el temporal, pensé. Me fui, intentando no hacer mucho ruido, pero antes miré la fotografía donde estaba esa adolescente…sin duda era ella.

Ya en el piso de abajo observé, a través de una puerta entreabierta, a una mujer tumbada en una cama. Durante unos instantes estuve tentado de entrar, tenía verdadera curiosidad por ver a la mujer del capitán; al final no entré. Me dio la sensación que sería como violar un espacio que no me correspondía.

8 comentarios:

mar dijo...

Tienes un regalito en mi blog.
Un besito y una estrella.
Mar

NinfA_OccidentAl dijo...

Lástima que se haya dormido el capitán, estaba muy metida en el texto, viajé a esos mares azulísimos y de finas arenas (en mi país tb los hay, jejeje), pero según cuentan nada como los mares del Pacífico. Dile al capitán, que siento envidia de la buena por haber hecho realidad su sueño de surcar todos los mares que quiso! grandioso!! para qué más?? Otra cosa...la curiosidad mató al gato, jejejeje!!(porque casi entras en esa habitación...) Tienes una capacidad narrativa impresionante!! te sigo leyendo!! besos!!

Jolie: Desde la Barandilla dijo...

la pasión y la curiosidad de los seducidos puede hacer saltar prisiones mas fuertes que mástiles y cadenas oceanos... y puertas.

me quedé anclada por el momento por aqui

xavi dijo...

ninfa_occidental:

hace cuatro años estuve de vacaciones por la República Dominicana y la verdad que sus playas y sus fondos marinos son maravillosos. La verdad es que soy muy curiosos y casi estuve a punto de entrar pero...para qué?.
Con tu permiso me tomo como un cumplido lo que tengo una capacidad narrativa impresionante. Gracias, espero que sigas disfrutando con mis relatos.

un abrazo.

JOLIE:

la pasión, al igual que la curiosidad, creo que tienes que saber domesticarla, de lo contrario las cosas se pueden poner muy complicadas.

un saludo

Bosco dijo...

Sencillamente fascinante, leyendo he sentido crujir las sillas y las maderas de esa casa ,he visto la luz tenue de las lámparas iluminando las litografias de Gaugin, el olor a pipa y el sabor del ron.Escribes de maravilla Xavi, felicidades.

Anónimo dijo...

Bien hecho, hay curiosidades que matan... mejor espera a que el te la presente.

Estoy segura que en cualquier momento el viejo capitan y tu os vais a dar una vueltilla en la goleta... o no?

bahhia dijo...

Bueno, no creo que tu vida no sea interesante, o menos que la de ella. Simplemente es diferente y hasta ese momento desconocida.

bss.

xavi dijo...

BOSCO:

Ante tu comentario no me queda más que darte las gracias, en primer lugar por leerme y en segundo lugar por decir que escribo de maravilla. Lo único que pretendo es que la gente que me lee disfrute tanto como yo.

un abrazo

ANONIMO:

La curiosidad mato al gato pero qué difícil es aguantarse, y sinceramente soy curioso por naturaleza.
En cuanto a lo de salir a navegar con el capitán creo que no será posible.

un saludo.

BAHHIA:

Te aseguro que la vida del capitán es mucho más interesante que la mía y eso que no tengo una vida precisamente aburrida.

un abrazo.