domingo, 6 de noviembre de 2011

CLAUDIA Y LA NIÑA CHINA

El otro día en el taller de escritura Lur (la profe) nos puso la tarea de imaginarnos que éramos imanes de esos que hay en todas las cocinas. Yo escogí ser un imán en forma de gallo pegado a la puerta de una nevera…y esta es la historia que escribí. Una historia titulada CLAUDIA Y LA NIÑA CHINA.

“Hasta entonces mi vida había sido más o menos estable, tranquila y en cierto modo monótona, sin embargo me gustaba, quizás porque uno se acostumbra a vivir sin aspavientos, pasando desapercibido, siendo amo, señor y esclavo de un espacio blanco e irreductible.
Mis únicos movimientos consistían en el batir de la puerta; eran movimientos acompasados, lentos, exentos de peligro y dirigidos por su mano…la mano de mi admirada, deseada y exuberante Claudia.


Lo que más me gustaba, el momento más esperado era cuando ella se agachaba para abrir el congelador. Era un momento mágico, un momento sublime, era el momento en que de su uniforme asomaban unos pechos turgentes, una lencería negra espectacular ¡Dios! cómo esperaba ese momento. Rezaba para que lo que buscaba no estuviera en el primer cajón del congelador y tuviera que buscar en el segundo o con un poco de suerte en el tercero. Tenía que hacer verdaderos esfuerzos para que la cresta de gallo no se me pusiera de punta.


Sin embargo recuerdo el primer día que la vi. Tenía los ojos rasgados, el pelo negro y liso, hablaba un idioma extraño y creo recordar que su nombre era algo parecido a Li. Sus pequeños ojos se me quedaron mirando y supe que ya nada sería igual. Se acercó, su aliento formó una especie de vaho a mi alrededor, sus manos acariciaron mi pico, mis alas… para de repente mandarme con un leve manotazo al suelo.


No, no me rompí, soy un viejo gallo de pelea, lo que de verdad me dolió es que Claudia no le dijera nada, pero no solo eso sino que encima me colocó en la puerta del lavavajillas.


A partir de ese momento lo único que veía cuando ella se agachaba para abrir la puerta era el suelo a escasos centímetros de mi pico.”

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