miércoles, 29 de septiembre de 2010

BON VIATGE

Navego sin rumbo definido. No figura ningún destino en mi cuaderno de bitácora. Lo único que busco es disfrutar de la soledad que proporciona el ruido del viento meciendo la mayor. A lo lejos observo algún mercante surcando la mar de manera pausada, sin prisa aunque, a diferencia de mí, el capitán de ese barco si tiene un destino y un puerto donde atracar. Imagino a la tripulación perdida entre ese amasijo de hierros inmenso moviéndose por la cubierta, sudando en la sala de máquinas y el capitán sentado en el puente oteando el horizonte.
Seguramente él también me habrá visto, o mejor dicho, habrá visto una pequeña embarcación deslizándose por encima de esa mar que a todos nos acoge, igual que una madre dispuesta a abrazar a todos sus vástagos. Quizás ese capitán también se imagine al marino que gobierna ese pequeño velero, quizás piense en el motivo que me lleva a navegar pero lo que él no sabe ni se imagina es que navego sin un rumbo predeterminado…o quizás sí. Al final lo veo alejarse llegando a confundirse con ese mundo azul que nos invade.

De nuevo solo en medio de ninguna parte, acompañado únicamente por el viento, el blanco de la vela y el roce de la mar sobre el casco de mi nave. Cierro los ojos y me dejo llevar.

“No te conozco, ni siquiera tengo la certeza de que puedas existir, a veces creo que eres producto de mi imaginación en cambio otras pienso que eres como Penélope esperando a Ulises. Lo único que sé es que sin haberte conocido te echo de menos, sin haberte tocado echo de menos los poros de tu piel es más, me pregunto a qué sabe tu piel, sin haberte olido echo de menos el aroma de tu cuerpo, sin haberte oído echo de menos tu voz… “

Me despierta la sirena de una barca de arrastre. Miro a babor y la veo pasando por mi lado. Me levanto aún adormilado. Pongo una mano en el timón y con la otra saludo a los pescadores.

- Bon viatge – gritan mientras saludan con sus brazos al aire.

- Bon viatge i que tingeu sort – respondo.

Ellos siguen el rumbo que marcan los bancos de peces, yo sigo el rumbo que marca el viento.

lunes, 20 de septiembre de 2010

GIRO INESPERADO

Sentado en la bañera de popa miro hacia atrás y veo como la bocana del puerto se va alejando. Lo único que queda es una estela blanca rompiendo la armonía de un desierto azul. La costa se va alejando igual que el sol que golpea mi cara. Empieza a soplar un levante suave, muy suave tanto que solo consigue rozar la mayor ligeramente…pero no tengo prisa por llegar a algún sitio.

Entro dentro del camarote, cojo el portátil, una cerveza y me siento de nuevo en el banco de popa. Poco a poco la única luz que queda es la que proporciona la pantalla del ordenador. Abro la carpeta de las entradas del blog y veo como la vida da giros inesperados, como de repente un cambio de viento hace que una tranquila travesía se convierta en un temporal.
La última vez que publiqué una entrada fue para despedir a una amiga; ahora publico la entrada que tenía preparada y que intentaba explicar lo que han sido mis vacaciones:

“De nuevo, después de un mes y medio, me encuentro sentado delante del ordenador, con mis fotos, mis discos de jazz, mi flamenquito, mis libros de barcos, mi mapamundi cubriendo la mesa de cristal y yo…yo repasando las fotos del verano.
Primero Sevilla donde pasé una semana tremenda de calor, de hecho cuando terminaban las clases lo primero que hacíamos es ir a la piscina del hotel. Luego pasaba los apuntes al ordenador y al atardecer salíamos a picar algo…una “pringá” y una cervecita. Sin embargo es una semana que compensa, no solo por la importancia del curso sino también por poder disfrutar de esa tierra llamada Andalucía. De ella me gustan sus playas, sus olores, su gente que se abre a ti sin tapujos sin mirar de dónde eres y mucho menos a dónde vas, me maravilla la Alhambra, el color albero de la Maestranza, los pueblecitos de la costa de Almería, el color de la tierra de Jaén, el casco antiguo de Córdoba con sus paredes cubiertas de flores y sus calles llenas de recuerdos de lo que en su día fue un mundo lleno de tolerancia y respeto, los pueblos blancos de Málaga colgados en las laderas de las montañas mirando a la mar, esperando que llegue el viento que los refresque… me quedan por conocer Huelva y Cádiz. Seguro que no me defraudan. Es curioso, nací en un pueblo del Mediterráneo, vivo y trabajo en el Norte pero tengo la certeza, la absoluta certeza que algún día, cuando ya no tenga que levantarme por las mañanas para ir a trabajar navegaré hacia el sur.

Después de Sevilla y unos días de trabajo llegó Roma. Una ciudad que me atrapó y me robó el corazón, no ya por sus monumentos que son impresionantes, si no por sus miles de rincones llenos de magia, llenos de vida. Es cierto que hay muchos turistas, que en todos los sitios hay mucha gente pero hay que intentar abstraerse, mirar como si tú fueras el único que está en ese lugar observando como el agua de la Fontana de Trevi cae solo para ti, escuchando como hablan las piedras del viejo Coliseo, oliendo los miles de aromas que se mezclan en el Trastevere, viendo desde la Piazza di Spagna como el sol se hunde tras las cúpulas de las miles de iglesias que adornan el cielo de Roma… y qué decir de la voluptuosidad de la Capilla Sixtina. Me impactó. Durante el tiempo que estuve en ella intenté retener ese momento a sabiendas que sin duda será uno de los espectáculos más hermosos que verán mis ojos.
Soy consciente que me dejo cosas, pero es imposible abarcar en pocas líneas todo lo que te ofrece una ciudad como Roma. Lo único cierto es que ha igualado a mi admirado, caótico y mágico El Cairo.

De Roma fuimos a mi querido y añorado pueblo asentado sobre las orillas del Mediterráneo…pero eso será otra historia.”

Apago el portátil. Ya no queda ninguna luz a la que mis ojos tengan que acostumbrarse, ahora simplemente tengo que mirar hacia mi alma y esperar que la travesía sea larga y llena de ventura…y aventuras.

martes, 7 de septiembre de 2010

A UNA AMIGA QUE SE HA IDO

Hoy, siete de septiembre de 2010 a las 13:30 ha muerto una amiga, una excelente amiga. No sé muy bien lo que hacer, creo que quiero escribir algo, intentar sacar toda la impotencia que llevo dentro y la incomprensión por lo ocurrido aunque… ¿qué es lo que hay que comprender? Ha ocurrido y ya está, así de terrible pero es lo que hay. No tiene sentido darle más vueltas ¿para qué?

Nos conocíamos desde hace cinco años y tampoco nos veíamos a menudo, solo algunos días en Semana Santa y el mes de agosto. Se llamaba (joder, cómo cuesta emplear el pasado) Marimar, vivía (al igual que yo) en una provincia del norte de España y también (al igual que yo) pasaba parte de las vacaciones en mi pequeño pueblo de la costa catalana. Es aquí, a orillas de la mar donde nace nuestra historia en común.

Su familia y mi familia compartíamos la misma urbanización. Ellos abajo y nosotros arriba. A mediados de agosto organizábamos una fiesta en la que participaban todos los vecinos. Entre varios amigos preparábamos actividades para niños y para mayores. Era muy coqueta y calculo que tendría unos cincuenta y cinco años, pero poseía una vitalidad y unas ganas de hacer cosas tremendas. Ella y yo preparábamos el teatro para los más peques. Yo era el encargado de escribir y ella se encargaba de escoger a los “actores” y de comprar todo lo necesario para la obra. Luego, a media tarde, cuando el sol ya no calentaba, subíamos a mi terraza y ensayaban. Cierro los ojos y aún la veo sentada en una hamaca dando instrucciones. Yo la miraba con una sonrisa en los ojos porque me encantaba ver el grado de implicación y cómo disfrutaba leyendo el guión que yo le había pasado.

También participaba en la entrega de diplomas de las varias competiciones que se llevaban a cabo durante esos días (petanca para niños y para adultos, tres en raya gigante etc.). Tengo una foto de ese verano, el 2009, en la que está con un megáfono llamando a los premiados. Luego por la noche se hacía en el jardín un baile y ¿a qué no sabéis quien era la responsable de poner y escoger la música? Pues sí, también Marimar. Decía que (al igual que yo) el gen del ritmo lo había perdido en algún momento de su creación.

Qué cabrona es la vida. Su marido había conseguido superar este invierno un cáncer de garganta, habían luchado, junto con su hijo, con fuerza y con determinación y ahora llegaba agosto para descansar, para cuidar de su marido y para disfrutar de la compañía de su hijo. A los dos días de llegar ingresó en un hospital de la zona.

Durante el verano se barajó la posibilidad de suspender la fiesta de la urbanización, pero tanto su marido como su hijo dijeron que no. Sin embargo yo les dije que no podía escribir, me era totalmente imposible…la necesitaba. A los niños en lugar de teatro les preparamos unos juegos en el jardín y lo cierto es que disfrutamos y disfrutaron. Por la noche su hijo fue el encargado de “pinchar” la música…

Este verano estuve a punto de llorar un atardecer al regresar a puerto. La proa saltaba hundiéndose alocadamente en la mar provocando que mi cara se emparara…fue un momento mágico. Ahora mis lágrimas brotan con furia, igual que las gotas de la mar salpicaron mi cara aquel atardecer.

No sé si estás en algún sitio pero por si acaso…UN BESO.

miércoles, 30 de junio de 2010

LUGARES


Hace meses que no escribo y lo cierto es que noto como a mis dedos les cuesta moverse con ligereza sobre el teclado. Sin embargo hay varios motivos por los que me apetece volver a sentarme delante del ordenador.

Por estas latitudes donde vivo el invierno ha sido duro y largo, ahora es cuando el sol empieza a calentar pero sobre todo es ahora cuando la luz brilla con toda su intensidad llenando cualquier posible hueco de melancolía. Esa luz me recuerda que me esperan dos lugares en los que tengo la absoluta certeza de que mi espíritu se reconforta, uno de ellos es mi pueblo. Volver a él implica sentir de nuevo la mar, olerla, vivirla, surcarla, sentir como se hunde en mis venas hasta llegar a lo más profundo de mi alma, reencontrarme con mi padre, al que quiero y admiro (de hecho es la mejor persona que he conocido) y por supuesto con mi madre, con la que me une un vínculo muy especial tanto para lo bueno como para lo malo. El otro lugar al que voy a ir es Sevilla. Estaré pocos días y además voy por temas de trabajo pero poder vivir durante unos instantes sus calles, sus rincones, la alegría de sus gentes, ver como cae la luna detrás del Guadalquivir…eso no tiene precio.

Otro de los motivos que me impulsa a escribir de nuevo es la grata sorpresa que me deparó un rinconcito del Mediterráneo, concretamente el Cabo de Gata y por supuesto sus pueblos. Me pareció increíble encontrar pueblos de mar sin el típico paseo marítimo lleno de guiris. Gente que mira hacia el horizonte y solo ve agua, tampoco se lo reprocho ya que no todo el mundo ha tenido la fortuna de criarse junto a viejos lobos de mar. También yo me equivoqué al pensar en Almería como una zona desértica. Nada más lejos de la realidad. El color verde que cubre sus montañas permite que pueblecitos blancos resbalen por sus laderas. Ver de nuevo esas barcas posadas sobre la arena en lugar de atadas a bloques de hormigón hizo que mi mente volviera a un tiempo en que lo único que me preocupaba era mirar la mar desde mi habitación y pensar en surcar mares lejanos en grandes veleros, como un corsario valiente en busca de una princesa a la que rescatar.

He de reconocer que me he sentido a gusto escribiendo de nuevo…quizás es que debo exigirme más a mi mismo.

jueves, 14 de enero de 2010

HASTA SIEMPRE


Ha llegado la hora de arriar las velas, atracar el barco, cerrar el cuaderno de bitácora y sentarme en un banco del puerto a ver como pasa la vida.

Creo que es lo mejor.

Me siento vulnerable. Siento que no puedo escribir todo lo que quiero escribir. Ha llegado un momento en que no puedo escribir todo lo que siento y así no puedo seguir. No puedo escribir midiendo mis palabras. Cuando tecleo el ordenador no quiero estar midiendo mis sentimientos…me gustaría decir tantas cosas.


Lo siento pero no es mi estilo.

No, desgraciadamente no he llegado a Ítaca, ni siquiera he llegado a conocer a Penélope o ¿quizás sí? Es posible que haya pasado por mi lado y yo, ciego, no he sabido verla.


No, desgraciadamente la vida no me ha dado un beso en la boca o ¿quizás sí?

De todas maneras me llevo un recuerdo maravilloso de todos vosotros, porque todos formáis parte de mi vida.

No voy a cerrarlo, quizás algún día escriba algo. En mi perfil está el correo electrónico por si alguien le apetece seguir en contacto y si no es así…hasta siempre.

miércoles, 23 de diciembre de 2009

...UN TIPO QUE SUELE LLORAR


Estas navidades tampoco iré a mi pueblo… y no os imagináis como lo siento. Desde el mes de agosto que no piso la arena de mi playa, que no huelo la sal de mi mar, que no piso la cubierta de mi barco, que no siento las gotas de agua salpicando mi cara mientras la proa rompe con furia el Mediterráneo.

Alguien puede pensar que no es para tanto… y es cierto. Para alguien que no se ha criado a merced de la mar puede que no lo entienda.

Sin embargo juro que hecho de menos las noches estrelladas sentado en cubierta, hecho de menos a mi padre de pie en la proa tirando de las redes llenas de pescado mientras el sol quema su cara, hecho de menos a los viejos pescadores contando hazañas imposibles, hecho de menos sentarme en la arena de la playa vacía de turistas y contemplar el ir y venir de la espuma resbalando sobre la arena mojada, hecho de menos alzar la cometa al aire y verla volar, hecho de menos esos ojos negros capaces de enamorar a cualquier marinero errante, hecho de menos la osa mayor parpadeando sobre ese mar de estrellas, hecho de menos el viento que trae su aroma, hecho de menos las risas de mis hijas mientras la mar salpica sus cuerpos…hecho tantas cosas de menos.

Sin embargo hay algo que compensa todas esas carencias y es cuando llega el momento de cerrar los ojos y verme de nuevo sentado en el banco de popa. El viento entra por estribor, abro la mayor y el génova, viro a sotavento y me acerco a la costa. El barco se escora y coge velocidad. Yo continúo con mis manos asiendo fuertemente el timón. La mar se pone brava, como si me retara, aunque tengo la certeza de que en el fondo me ama, de que agradece mi presencia…y llora por mi ausencia.

El año está a punto de terminar y yo sigo camino hacia Itaca. Navego con la esperanza de algún día llegar a esa mágica isla y entonces arriaré mi bandera, atracaré el barco y buscaré a Penélope; aunque tengo la certeza de que ella me estará esperando sentada en un banco del viejo puerto.

He pasado momentos jodidos e incluso a veces he llegado a plantearme la posibilidad de abandonar, de dejarlo todo. Sin embargo sé que, como dice la canción, “la vida vendrá y me besará en la boca” y entonces yo, que soy de esos tipos que suelen llorar, mis lágrimas cubrirán todas las heridas haciendo que cicatricen.

Cuando eso ocurra habré llegado a Itaca…

jueves, 3 de diciembre de 2009

COMPAÑEROS DE TALLER


¿Os acordáis que hace un tiempo os hablé del taller de relatos al que voy todos los martes? Pues deciros que sigue siendo una gran aventura asistir a esas clases, de hecho estoy deseando que sean las siete de la tarde para ir a clase. Luego, poco a poco van llegando mis compañeros en esta travesía por el mundo de las letras.
No os podéis imaginar como disfruto oyendo sus historias. Ya comenté en otro post que somos muy diferentes unos de otros y por supuesto eso se refleja en las historias que escribimos.
Pero si os hablo de mis compañeros también tengo que hablar de la capitana de la nave, Lourdes. Una mujer vitalista y que disfruta inventando relaciones de un personaje con otro, fiestas imposibles y familias dignas de una película de Almodóvar. En fin, que me encanta la forma que tiene de involucrarse en las clases. Luego os explicaré con más detalle a que me refiero.
Sin embargo he de reconocer que tengo una debilidad especial por una componente de la tripulación, Pakita. Procuro siempre sentarme a su lado y así poder ver su cuaderno impoluto, su letra perfecta escrita con bolígrafo azul, disfrutar de su compañía… y de sus caramelos. Oír como lee con voz pausada me produce una sensación de tranquilidad difícil de explicar. Por otro lado es una mujer sabia en sus apreciaciones y con un porte elegante, pero de esa elegancia innata que solo poseen ciertas personas.
Ahora estamos trabajando en dos historias.
Por un lado tenemos a una comunidad de vecinos, con portería y kiosco incluido. Cada uno de nosotros tiene un personaje. Debe darle forma, hacer que los demás se lo crean. Luego se producen varias situaciones, conflictos y por supuesto cada uno lo resuelve en función de cómo sea su personaje.
A mi me ha tocado ser una mujer de unos cuarenta años, con una hija de catorce y que se ha ido a vivir a cada de su madre. Mi marido es un maltratador y no me ha quedado más remedio que marcharme de ese infierno. Luego, a medida que han ido pasando los días, mi vida ha transitado por situaciones más o menos reconfortantes.
De todas maneras cuando se haya cerrado el círculo os hablaré de ella. Ahora solo os adelanto que mi personaje se llama Joanna.
La otra singladura en la que nos hemos visto inmersos ha resultado ser una aventura llena de risas, de buenas sensaciones, con la que hemos disfrutado muchísimo todos. Consistía en lo siguiente. Lourdes, la profesora, nos ha dado una frase, a partir de ahí teníamos unos tres minutos para escribir. Después de ese tiempo le pasábamos al compañero el escrito y así sucesivamente, con lo cual cada uno tenía que leer lo que había escrito el anterior y continuar el relato.
En este ejercicio es donde más se ha visto lo diferentes que somos unos de otros. Evidentemente sabías donde terminaba uno y empezaba otro por el tipo de letra pero también por el contenido. Javi siempre enlazaba los relatos con el tema del sexo, drogas y violencia, luego venía Pakita y claro, como estaba desconcertada por lo que había puesto anteriormente Javi pues solo escribía un par de líneas. Después de Pakita iba yo y, obviamente aquello era cada vez más difícil de darle forma. Pasados los tres minutos se lo dejaba a Sergio, que después de leerlo me miraba con cara de no entender nada y después de Sergio venía María. En esos momentos yo esperaba su reacción, es decir, soltar una carcajada consiguiendo contagiar a todos los demás. Lo cierto es que María es de risa fácil y eso es de agradecer. También es una persona super atenta a todo lo que escribimos y eso también es de agradecer.
En fin…en el siguiente post os hablaré de los que faltan que tampoco tienen desperdicio y por supuesto de la comunidad de vecinos de “els quatre gats”.

lunes, 23 de noviembre de 2009

SEVILLA Y BENEDETTI



Durante toda la noche la mar ha estado en calma, pero mi alma no. Me he levantado cuando aún no había amanecido. El camarote se ha convertido en una pequeña prisión, he tenido que salir a cubierta. Un suave poniente golpeaba mi cara mezclándose con mis lágrimas. Al fondo miles de luces alumbrando vidas…seguramente mejor que la mía.

¿Motivos para estar así? No lo sé, juro que no lo sé ó quizás sí y lo único que tengo es miedo a la respuesta. Desconozco cuanto tiempo he estado ahí, de pie, oteando un firmamento lleno de pequeñas constelaciones. Al final he bajado de nuevo al camarote. Desnudo, he dejado que el agua de la ducha resbalara por todo mi cuerpo. Con los ojos cerrados, con los brazos alzados, con las piernas abiertas, con mi corazón rasgado he deseado que las gotas fueran arrancando mis miserias. En esos momentos, no sé porqué extraña razón mis pensamientos se han centrado en dos deudas que tengo pendientes.

Al salir de la ducha he preparado una cafetera y he abierto uno de los cajones donde suelo guardar fotografías y recortes de prensa. Al final he encontrado lo que buscaba.

El olor a café recién hecho ha invadido todo el camarote. Me he servido una taza. Luego mis ojos se han centrado en las fotografías y ahí estaba una de mis ciudades mágicas y a la que afortunadamente tengo la suerte de volver, aunque solo sean cinco días, todos los veranos. SEVILLA. De ella me gusta todo, absolutamente todo. Sus calles, su gente, su luna creciendo desde el Guadalquivir, su vida, su olor, su barrio de Santa Cruz, su Triana…

Junto a las fotografías de Sevilla recortes de periódicos que hablan de la muerte de Mario Benedettí. Hacía tiempo que tenía ganas de dedicarle unas líneas pero por unos motivos o por otros no encontraba el momento adecuado. De él tampoco tengo mucho que decir más que, donde quiera que esté, darle las gracias por tan buena compañía y por tantos favores. Gracias MAESTRO.

Por la ventana del camarote veo que el cielo está gris… menos mal que tengo fotografías de Sevilla y poemas de Benedettí para iluminar el rumbo hacia Itaca.

jueves, 5 de noviembre de 2009

TALLER DE RELATOS

Llega la hora de escribir. La hora mágica en la que la luna te arropa para que estas noches otoñales sean más llevaderas. La hora en la que cierro los ojos y me imagino navegando. La hora en que me pregunto porqué me cuesta tanto ser feliz. La hora en que oigo una y otra vez la canción “Boig per tu” (Loco por ti), una canción de un grupo catalán llamado Sau. No estoy pasando el mejor momento de mi vida. No culpo a nadie de eso, seguramente mucha parte sea responsabilidad mía. Sin embargo hay algo que hace que los días sean un poco más llevaderos.

Llevo un mes apuntado a un taller de escritura. Voy dos horas todos los martes… y me lo paso genial. Somos un grupo totalmente heterogéneo. Ahí radica la riqueza del conjunto. Cada uno de nosotros tiene una sensibilidad, una forma de entender la escritura, en definitiva una forma de entender ¿la vida? Allí escribes, lees en voz alta tus relatos. Oigo como mis palabras van quebrando el silencio. Siento como el pudor que me provoca el abrirme a la gente hace que mis manos tiemblen (aunque procuro disimularlo). Quisiera ser capaz de escribir de otra manera…fingir un poco más.

Me gustaría que nos vierais ¡qué diferentes somos! Pero fijaros, un día la profesora planteó un ejercicio. Había que trabajar la construcción de una historia. El argumento principal se basaba en una cita que iban a tener, durante la tarde noche, un padre y una hija. Hacía tres años que no se veían. Ella había estado en el extranjero.

Lourdes, la profesora, dividió la trama en cuatro partes. Teníamos que imaginarnos, desde el punto de vista del padre, como sería la mañana, el medio día, la cita con la hija y la noche, es decir, cuando llega a casa después de haber estado con ella. A mí me tocó imaginarme como sería la noche y, sin haber hablado nada entre nosotros, coincidí bastante con Salva, un compañero que tuvo que escribir sobre la cita y también con Álvaro, que escribió sobre la mañana y con Juan Carlos, sobre todo en los whiskys del protagonista.

Cuando terminé de leer mi relato hubo unos segundos de silencio, luego la profesora dijo que le había gustado. Me relajé. Los compañeros respondieron que también. Bueno, no a todo el mundo, o al menos esa impresión me dio, de hecho le di el relato con la esperanza de que si lo leía con tranquilidad quizás acabara gustándole.

Ahora hemos empezado a tratar el tema de los personajes. Será divertido. Solo os adelanto que yo soy una mujer que abandona al cabrón de su marido, tengo una hija adolescente (Juan Carlos) y he tenido que ir a vivir con mi madre (Carmen). Todo ello dentro de una comunidad de vecinos. En fin, creo que nos lo pasaremos bien. Ya os tendré informados.
Os dejo el relato. Espero que os guste.


Las notas del saxo de Charlie Parker inundaron la habitación. En mi mano izquierda un vaso de whisky. Los hielos golpeando suavemente contra las paredes de vidrio. El humo del cigarro enredado entre mis dedos. Las luces de neon reflejándose en las oscuras paredes, moviéndose como sombras chinescas. Colores rojos. Colores azules. Colores verdes. El olor a soledad invadiendo cada esquina del cuarto. Las gotas de lluvia golpeando contra el cristal, deformando la realidad, mezclándose con mis lágrimas y yo…, yo de pie junto a la ventana con la mirada perdida en alguna parte, o quizás en ninguna parte.
Los vehículos iban y venían en un frenético laberinto de casas, de luces, de agua. En la calle apenas había gente. Personas que pasaban unas al lado de otras sin tan siquiera mirarse. Obviándose.
Aplasté el cigarro. Mis ojos se centraron en la pantalla del portátil. Posé el vaso de whisky en la repisa de la ventana. Fui hacia la mesa. Me senté. Encendí la luz de la lámpara. Acerqué el marco con la fotografía de mi hija. Los dedos se posaron sobre el teclado, pero no se movieron. A ellos también les atenazaba el miedo igual que a mí. Miré de nuevo el retrato. Tomé fuerzas. Respiré hondo. Abrí el blog.
“Hoy, después de tres años, he visto a mi hija. Se ha convertido en toda una mujer, en una hermosa mujer. Lo cierto es que me ha recordado mucho a su madre y eso me ha hecho feliz. Dicen que la felicidad es un momento, un instante, que no es ni siquiera un estado de ánimo, dicen que es algo que pasa y debes intentar rozarla, sentir que ese soplo está ahí. Yo esta tarde he notado su presencia. Sin embargo, quizás sea mi destino, cuando creo que tengo el rumbo correcto hacia Itaca siempre llega un golpe de mar, unos vientos que consiguen arrastrarme a las afiladas rocas de los acantilados.
He escrito esto para ti, para mi princesa (de pequeña te gustaba que te llamara princesa ¿te acuerdas?).
Cuando naciste tu madre murió. Nunca te he hablado de ese momento; tampoco hay mucho que decir. Todo fue muy rápido. Recuerdo que aún tenías el cordón umbilical colgando. Te posaron sobre su pecho. Tu madre estaba exhausta, agotada por el esfuerzo, pero aún así me dedicó una maravillosa sonrisa. Yo le respondí con un beso. Fue la última vez que sentí su piel sobre la mía. En unos instantes estalló el infierno. La hemorragia. La sangre. Las prisas. Los gritos. Hombres y mujeres de bata blanca corriendo de un lado a otro. El final.
Luego te acuerdas del amor entregado sin tapujos, sin contraprestaciones, un amor libertario sin orden ni esquemas preestablecidos… porque no nos hacia falta. Era así. Crees que es imposible que todo ello se quiebre. Por ella - y con ella - te sientes inmortal. Nos comportamos como niños creyendo que nuestro amor es igual que la verdad, que pase lo que pase siempre prevalece ante la infamia. Inquietante y dolorosa ingenuidad. Pretendes saciarte de vida, emborracharte de vida, comerte la vida. No te das cuenta – no nos damos cuenta – de la dificultad de la tarea encomendada. Lo difícil no es vivir, lo extremadamente complicado es superar el miedo que nos da, a veces, vivir.
Ahora has vuelto y yo, en cambio, me marcho para no volver. Otra vez el infierno.

Esta mañana he ido al médico. Tenía la esperanza de que se equivocaran, sin embargo han confirmado el diagnóstico. Como mucho me quedan seis meses de vida. Soy consciente de que puedes reprocharme el no habértelo dicho pero sinceramente, no me veía con el valor suficiente para hacerlo. Te veía tan feliz.
Cuando leas esto yo ya no estaré aquí. Solo te pido que me comprendas. No quiero sufrir ni que me veas sufrir. Quédate con lo bueno de todos estos años juntos.
Ahora mismo cierro los ojos y busco tu olor, tu mirada llena de inocencia, tu primer “papá”, tu piel, tus besos al llegar a casa después del trabajo, tus confesiones, tus “siéntate y hablamos”, tus “te quiero”, tu amor entregado a raudales sin esperar nada a cambio, tu primer dibujo, tu primera foto, tu primer libro, tu primer poema, tu primera cometa…
No te imaginas cuanto te quiero ni cuanto te echaré de menos.
Al resto de gente que está detrás de esa pantalla de cristal líquido y que día a día nos hemos ido conociendo deciros que ha sido un verdadero placer teneros como compañeros de viaje, pero ahora toca cerrar este cuaderno de bitácora. Este último viaje debo emprenderlo sin compañía.
Por casualidades de la vida mi blog se llama “Caminando hacia Itaca” y creo que ya he llegado...ahora veo Itaca al fondo, esperándome.”
Pulsé con fuerza la tecla de intro. Mi última entrada en el blog ya estaba publicada. Apagué el ordenador. Bajé la tapa. Abrí el primer cajón de la mesa. Cogí mi arma reglamentaria. Introduje el cargador. Sentí el frío de su boca rozando mi piel…


jueves, 29 de octubre de 2009

NOSTALGIA


Por la ventana de la habitación se colaba un suave levante acompañado por la luz plateada de la luna. De fondo el ruido de la mar susurrando un ir y venir pausado, deslizándose sobre la arena de la playa, moviéndose acompasadamente. Delante de mí la pantalla del ordenador iluminándome la cara y en la pared fotografías de ciudades. París, Londres, Lisboa, Estambul, El Cairo…urbes cosmopolitas rebosantes de vida, y de vidas. A su lado, instantáneas de mi mar, de mi Mediterráneo, de mi barco, retratos de la gente que quiero, imágenes de verdaderos hombres de mar que consiguieron transmitirme el amor que solo ellos pueden entender hacia ese universo azul.

Hace meses que no salgo a la mar y ¡Dios! lo deseo tanto. Necesito salir a navegar. Sentir como mi proa se hunde para luego elevarse hasta el infinito. Ver como la mayor se hincha preñada del viento que azota todo su cuerpo. Notar mis manos empapadas de agua asiendo con fuerza el timón. Estremecerme cuando el mistral golpea la popa de mi barco y hace que éste se enfurezca. En esos momentos mi Puma no navega, en esos instantes mi barco cobra vida y vuela sobre la espuma blanca rozando el agua con cuidado de no lastimarla.

Deseo estar allí.

A medida que van pasando los años te das cuenta que la añoranza, la melancolía, la nostalgia por tiempos pasados va en aumento. Quizás ese sea el motivo por el cual deseo volver a reinventarme. Buscar razones nuevas para seguir luchando.

Necesito tu presencia para que la fuerza no me abandone. Sentir que estás ahí. Imaginarme sentado junto a ti mientras vas trepando por mi piel. Mirarte sin concesiones, sin tapujos mal entendidos, sin miedo. Observarte con detenimiento mientras te mueves de un lado a otro. Ver como te abandonas dentro de mí.

Hace unos días María, mi hija pequeña, me preguntó “¿te gustaría volver al pueblo?”. Creo, o mejor dicho, estoy seguro que ella sabía perfectamente la respuesta pero no sé el motivo por el cual lo preguntó. Ella sabe que me cambia la cara cuando huelo su aroma, cuando voy acercándome a la arena, cuando veo la mar. Cada vez me cuesta más separarme de ella.

De momento tengo que conformarme con imaginármela.