martes, 20 de noviembre de 2012
DURO DE LLEVAR
lunes, 12 de noviembre de 2012
QUE TINGUEM SORT
miércoles, 7 de noviembre de 2012
DOS PLANETAS
jueves, 16 de febrero de 2012
UN LARGO INVIERNO PERO YO...SIGO SIENDO EL CAPITAN DE MI BARCO
Recuerdo cuando navegaba sin miedo a tempestades, sin miedo a que las olas infringieran movimientos inesperados. Recuerdo cuando atracaba en puertos olvidados y entraba en tabernas llenas de viejos y tatuados marineros. Hombres toscos pero luchadores, hombres con honor, hombres con mil amores en puertos que quizás solo existieron en su imaginación, o no. Hombres bragados en mil batallas contra una mar a la que amaban y a la que, como todo buen amor, a veces odiaban, pero que de una manera u otra no podían estar sin ella.
Y ahora me siento solo sentado en la popa de mi barco, mirando como la costa se va alejando poco, sintiendo como mis ojos se pierden en un infinito azul que me atrapa inexorablemente como la melancolía que invade cada uno de los poros de mi alma. Me siento solo en medio de esta mar que un día tanto amé. Me siento solo, de nuevo, en el camino que lleva hacia Ítaca, un camino que inicié con ilusión pero que cada vez me cuesta más seguir. Me siento cansado de esperar lo inesperado. Me siento derrotado incluso antes de empezar la batalla. Me siento abatido por palabras injustas, equivocadas. Palabras que la gente dice alegremente o incluso palabras que la gente no dice…pero que, a pesar de todo, llegan brutalmente, con fuerza, tanto que consiguen quebrar cualquier resquicio de vida, de orgullo o de dignidad que pudiera existir.
Palabras que no llegan y entonces te preguntas el motivo. Quizás es que no tienen que llegar, quizás eso es lo correcto o mejor dicho, lo adecuado. Palabras que un día soñé. Palabras perdidas entre viejos diccionarios de letras abandonadas o gastadas de tanto usarlas mal. Palabras que necesitan, como todo buen guerrero, un descanso. Palabras que buscan un lecho donde adormecerse y poder romper las cadenas de una esclavitud perpetua en labios de grandes terratenientes. Hombres y mujeres a los que se les llena la boca de palabras que no sienten pero que dicen correctamente porque lo correcto es decirlas.
Sin embargo yo sigo con fuerza mi camino, aprieto los labios, hasta las mandíbulas me hacen daño por la rabia contenida. Mis manos cogen con fuerza mi timón enrabietado y de repente entra un levante por popa. La proa se levanta. La mayor se hincha preñada de un aire que la llena de vida. Me siento como un corsario al mando de un barco pirata y grito " a por ellos”, “a luchar como valientes”. Mantengo el rumbo. Mi rumbo hacia mar adentro, alejado de puertos envenenados con escollos en la bocana, escondidos, esperando a que cualquier barco con un capitán ingenuo rompa la quilla provocando una deriva despiadada. Sigo mar adentro alejado de cantos de sirena que con su color dorado y su música buscan hundir cualquier resquicio de vida de un joven e ingenuo capitán…pero no es mi caso.
Puedo ser ingenuo pero sigo siendo el capitán de mi barco y como tal yo marco el rumbo en mi cuaderno de bitácora.
jueves, 22 de diciembre de 2011
UN DICIEMBRE COMPLICADO
Estos días estoy descansando en mi pequeño pueblo pegado a mi mar, al mar mediterráneo. Ha sido un final de año duro, excesivamente duro, de noches de desvelo preguntándote si haces bien o haces mal, si estás haciendo lo correcto o por el contrario te estás equivocando. Un final de año lleno de emociones y de descubrimientos…y no todos buenos.
Me he podido dar cuenta de cómo la gente juzga y opina de los demás demasiado alegremente, sin pensar, sin tener en cuenta el motivo por el cual una persona actúa de una determinada manera o de otra. Sin entender que no todo el mundo tiene que ser igual. Que no a todo el mundo le hacen gracia las mismas bromas. Me he dado cuenta de lo fácil que es manipular, de lo fácil que es echar mierda sobre otros. Hombres y mujeres que creen que te engañan cuando en realidad uno sabe perfectamente de qué va cada uno…y a lo mejor te dejas engañar, porque mi papel no es juzgar si me engaña o no, mi papel es juzgar otros aspectos y he de reconocer que en eso son buenos, que harán bien su trabajo y realmente eso es lo importante. Esa gente nunca serán mis amigos, ni iría a cenar con ellos y mucho menos les confiaría un secreto, sin embargo he de reconocer que si trabajaría con ellos. Eso es lo que vale.
Sin embargo no todo han sido experiencias negativas.
También me he dado cuenta de que hay gente capaz de llorar cuando ve sufrir a otros, también me he dado cuenta de que hay gente capaz de rectificar y reconocer que se ha equivocado. Gente capaz de decir “lo siento, creo que no te lo merecías”. Gente que se levanta de la mesa cuando ve a un compañero llorando. Esa es la gente de la que me siento orgulloso. Hombres y mujeres que sí serán mis amigos, con los que iría a cenar, en los que puedes confiar a muerte, gente que jamás dará un paso atrás para dejarte solo… y por supuesto con los que también trabajaría. Pero la principal diferencia es que ellos pasan a formar parte de la mochila que todos llevamos. Una mochila llena de experiencias, de gente fantástica, de momentos inolvidables. Con eso me quedo.
Soy consciente de que ésta es una entrada de mi blog un poco extraña. Una entrada difícil de entender pero es lo que hay. La gente que la lea y sepa cuál es mi trabajo sabrá perfectamente a que me refiero.
Ahora todo ha pasado y aquí estoy, en mi pueblo, oyendo como el mistral sopla con mucha fuerza convirtiendo la mar en una capa blanca de olas que arremeten unas contra otras, haciendo que la arena de la playa te golpee en la cara hasta hacer daño. Sin embargo los atardeceres son espectaculares, es increíble la tonalidad que adquiere el cielo. El viento del norte tiene el poder de limpiar el cielo de cualquier nube que quiera interponerse en esa paleta mágica de colores. Una mezcla de rojos, negros y azules que se buscan detrás de las montañas mientras el sol va escondiéndose, como si fuera un amante avergonzado o quizás es un amante con miedo a ser amado, no lo sé. El caso es que se va para dejar paso a una luna que va tras él, una luna que se contagia de ese maremágnum de colores y de sensaciones…al ver eso no puedo impedir que un montón de sensaciones fluyan descontroladamente y por unos momentos soy feliz, inmensamente feliz.
Es curioso pero mi mediterráneo, junto a mi pequeño pueblo siempre me salva en los momentos jodidos. La mar es una buena y excelente amiga porque nunca pide nada pero siempre está ahí.
jueves, 8 de mayo de 2008
SIN IDEAS

Lo único que me proporciona placer es cerrar los ojos y dejarme llevar, prestar atención a los sonidos, a los olores, pensar que tras esa pantalla de cristal hay un mar que me espera, un mundo por descubrir… pero me exaspera hallarme en este estado.
Realmente no hay nada que me satisfaga.
En estos momentos vivo la vida dejándome llevar, como mi pequeño barco, sin rumbo, sin oponer ningún tipo de resistencia, esperando que las corrientes y la dirección del viento nos lleve donde nos quiera llevar, sin esperar nada a cambio.
domingo, 16 de marzo de 2008
ESTOS DÍAS...
Esa mañana estaba sentado en un banco de un parque muy céntrico; pero desgraciadamente el sol no calentaba mi cara, calentaba mi nuca porque tenía la mirada perdida en el suelo. Estaba llorando. Les mandé un sms a mis compañeros, y amigos, del trabajo:”cuando podáis que me llame alguien”.
Me llamó el que estaba libre en esos momentos, apenas hablé, lo más que pude hacer era gimotear, hablar entrecortadamente, entre miles de sollozos. Mi amigo me habló con tranquilidad, con pausa, ofreciéndome miles de esperanzas, en definitiva como se habla a los amigos cuando éstos están jodidos.
Al día siguiente, viernes 14, tenía consulta con el psicólogo de la empresa. Un hombre al que desde aquí aprovecho, por si algún día lee esto (cosa improbable) para darle las gracias. Una buen profesional, o al menos a mí me lo parece y eso ya me basta. El me había dicho “cuando tengas un problema o te encuentres mal, llámame”. Ese jueves, después de hablar con mi compañero, le llamé. Le dije, o al menos lo intente, lo que me estaba sucediendo y esa misma tarde me concertó una cita en el trabajo con el psiquiatra. Sinceramente me asusté, ¡que mal suena y cuantos prejuicios tenemos a la palabra psiquiatra!
Ese jueves a la tarde visité al especialista, después de explicarle (lo mejor que pude) y de responder a miles de preguntas el diagnóstico fue “SÍNDROME DEL QUEMADO”. Llevo en mi empresa 18 años, durante ese tiempo he pasado momentos de máxima tensión, situaciones críticas, por todo ello se supone (eso dice) que soy psicológicamente fuerte. Pero lo que no se da cuenta es que el trabajo son unas horas, por muy mal que lo pase tengo, y debo, la facilidad de desconectar y volver a mi vida, a mi casa, a mi familia…en definitiva, a la normalidad. El psiquiatra no comprende que mi tensión, mi situación crítica ahora dura muchas más horas que las del trabajo. Solución, unas pastillas que debo llevar en el bolsillo por si me vuelve a dar otro ataque de pánico. Sin embargo el psiquiatra me avisa, las pastillas no son la solución al problema, evitará el ataque, pero no el problema.
Viernes, 14, visita al psicólogo de la empresa, más preguntas, más de lo mismo. Pero lo que más me impactó de ese día fue la disparidad de opiniones de la gente de mi empresa. Cuando llegué al centro médico me dijeron que andaba con retraso, para no esperarme en la salita, me fui a saludar a los compañeros, pero casualidad coincidió con la hora de la cafetería. El ataque de pánico me dio en el trabajo con lo cual todo el mundo sabía lo que me había sucedido. La gente vino a saludarme, a preguntarme qué tal estaba, a todos respondí lo mismo “poco a poco, ahora tengo consulta con el psicólogo”.
Ahora es cuando surge la controversia, unos me dijeron “¡qué valiente!, yo no hubiera dicho nada”, “¿cómo se te ocurre ir a la cafetería?, te va a ver todo el mundo” y yo me pregunto ¿y qué?, no tengo nada de que avergonzarme, “ayer estuve con el psiquiatra y ahora tengo visita con el psicólogo” no lo dije orgulloso pero tampoco tengo ningún motivo para esconder nada. Cuando entré en la zona de la cafetería noté como la gente me miraba pero también mucha, mucha gente se me acercó para darme la mano y decirme “eh, tío aquí estoy para lo que quieras”. Así que pese a quien le pese seguiré sin ocultar nada, yo voy de cara, al que le guste bien y al que no me importa un comino (mejor dicho un huevo) lo que piense.
Hoy, día 16, ha sido un buen día, un muy buen día. De hecho hacía tiempo que no me reía tanto y disfrutaba tanto.
Ahora, son los 11:30 horas de la noche, estoy tomando un café (luego dormiré igual gracias a la pastilla), me fumo un cigarro y de fondo suena la canción de Serrat “Paraules d´amor”, cantada por éste y por Sabina.
Hago un inciso y aviso para el próximo post. Al oír esta canción (está cantada en catalán y quizá alguno no sepa la traducción pero la letra es preciosa), como os decía en mi próximo post os hablaré de mis amores...si me encuentro con fuerzas. Espero que sí.
miércoles, 12 de marzo de 2008
SIN EUFEMISMOS

Al escribir estas líneas no pido compasión, ni lástima, en realidad no pido nada. Lo que escribo es realmente para decir que la vida no es justa, todo el mundo me dice”que bien tratas a tu suegra”, “eres un yerno ejemplar”, “con lo mal que lo ha pasado en esta vida en cambio ahora es feliz con vosotros” y más frases y palabras que en el fondo me dan igual. Todo el mundo piensa en ella, pero, sin tener ninguna culpa, soy consciente de la enfermedad que sufre, me ha jodido la vida.
Ahora mismo me gustaría estar a mil kilómetros de aquí, ver cosas que nunca he visto, me gustaría estar en mi pequeño pueblo sentando en la arena contemplando el mar embravecido, me gustaría ver alzarse mis cometas en el cielo, ver como juegan en el aire, como se confunden con los pájaros, me gustaría estar en muchos sitios en los que por las circunstancias de la vida no puedo estar. Me gustaría huir.
Me cabreo conmigo mismo porque he cambiado, porque a veces no me reconozco. El otro día me enfadé con mi hija pequeña, con mi pequeña princesita María porque se le había olvidado un libro en el colegio y no pudo hacer los deberes. Me enfadé tanto que hasta Laia, mi hija mayor, me tuvo que decir “venga papi que no pasa nada” y tenía razón. No pasa nada, fue a casa de una amiga, hizo los deberes y problema solucionado; pero yo perdí los papeles. Eso me cabrea profundamente, hace que me odie como padre ¡qué ejemplo estoy dando a mis hijas!.
Esta mañana mismo he ido a hacer unas compras y me marchaba sin pagar, ¡que vergüenza!, me he puesto rojo como un tomate, pero no es eso lo que me preocupa, lo que me desconcierta es el hecho de estar en otro mundo. De camino hacia casa me he cruzado con gente, algunos se les veía felices, otros no, algunos iban agarrados de la mano, otros solos pero yo sólo veía cuerpos. Había una mujer pidiendo limosna, sentada en la acera y he pasado de largo, como si no me importara. He actuado con una prepotencia que no es digna de mí.
Ya ni siquiera la poesía de Benedetti me reconforta ni me trae la paz que otras veces me aportaba. Escribir, sacar toda la mierda que hay dentro de mí, es lo único que me reconforta un poco.
Los amigos me dicen “tranquilo, vendrán tiempos mejores”, eso espero pero mientras van pasando los días, va pasando la vida, van pasando oportunidades. No tengo veinte años, no tengo toda la vida por delante. Con veinte años te comes el mundo, ahora el mundo me está comiendo a mí.
martes, 4 de marzo de 2008
CUMPLIENDO CON LO PROMETIDO
“Hoy es un día perfecto para la nostalgia. Está sonando el Cd de Sabina y Serrat, el cielo está gris y está nevando. Levanto la vista del ordenador y veo como los copos caen placidamente al suelo, derritiéndose, esparciéndose sobre el asfalto placidamente.
La mesa sobre la que escribo está apoyada sobre dos caballetes de madera oscura. Encima de los caballetes hay dos cristales y en medio de ellos hay un mapamundi. El ordenador tapa bastante de África, ¡que pobre! hasta mi ordenador aprisiona a este maravilloso continente (pero que conste que no es de forma voluntaria) y algo del sur de Europa; queda libre, por fin, el continente americano y la enigmática Asia.
Encima de la mesa hay una balda con libros y mi colección Cd´s de Jazz. Realmente no sé el motivo por el cual describo mi pequeño rincón, será para que te hagas una idea. Si te apetece te mandaré una foto, de esta manera podrás conocer mejor mi pequeño mundo.
Esta mañana he estado en el médico, hemos hablado bastante rato, la verdad es que tengo la certeza de que es una gran profesional. Al menos me ha entendido y sobre todo me ha escuchado. Me ha recetado unas pastillas, dice que me vendrán bien. Ya sé que hay otros métodos, una buena amiga ha optado por métodos más naturales. No sé, igual más adelante me planteo otras salidas, de momento me he comprado un libro sobre mandalas (me han dicho que me vendrá bien). Un conocido me ha comentado que en internet hay un panal con dos abejitas, al parecer deben saber bastante de estos temas.
Me ha preguntado cuales son mis aficiones, le he respondido que escribir, leer, pasear, ir a correr, hacer el amor, es broma, no le he dicho eso (vaya me he hecho sonreír, un punto a mi favor). Después de responderle me ha dicho “te voy a poner unos deberes. Todos los días vas a intentar escribir, pasear, en fin, distraerte. Aunque te cueste vas a tener que hacerlo”. Se lo he prometido y soy un hombre de palabra; así que aquí me tienes dándote el coñazo.
Ahora en serio, hay momentos en que cierro los ojos e intento averiguar o ver que ocurre dentro de mí, pero es como querer ver la cara oculta de la luna. Esa parte del planeta que sabes que esta ahí pero nunca ves.
Gracias por tu paciencia y un abrazo desde un rincón nevado.”
lunes, 3 de marzo de 2008
CARTA DE UN AMIGO
Mi amigo y yo hemos pasado buenos momentos. A veces, como todos los buenos amigos, hemos tenido nuestras broncas y discusiones, pero al final una buena cerveza conseguía arreglar esos pequeños malentendidos.
Cuando leía el correo no me lo podía creer. Mi amigo, por el trabajo que tiene, está acostumbrado a la presión, a pasar miedo, a situaciones difíciles. Tiene fama de ser un tipo duro, muy duro. De los que nunca dan un paso atrás, pero en el fondo, yo que le conozco sé que todo es fachada. Una vez me dijo “si la gente ve el más mínimo signo de debilidad en ti te harán daño”. Creo que tiene razón y a veces aparentamos lo que no somos, pero sólo para protegernos. Aunque no lo parezca es muy vergonzoso, enseguida se pone rojo, aunque sabe evitarlo cuando está con más gente. Ha aprendido a controlar esos “pequeños” detalles. De hecho la gente, la primera vez que lo ve piensa “este tipo se come el mundo”, pero yo, que lo conozco bien, se que como mucho se puede comer el mundo pero a cachitos pequeños.
Ahora me dice que se siente vulnerable. Me contaba que esta mañana ha salido a pasear y que incluso tenía miedo de las frágiles gotas de lluvia que le resbalaban en la cara. Me dice que ahora llora con facilidad, aunque yo sé que siempre ha sido un poco llorón. Cuantas veces hemos ido al cine juntos y me hacía el despistado cuando veía que se apartaba las lágrimas. Yo miraba hacia otro lado para no incomodarle. Tiene fama de extrovertido, de hablar con todo el mundo; de hecho donde va enseguida hace amigos, se integra en el grupo como si hubiera estado toda la vida trabajando en él.
Sin embargo tiene un pequeño mundo escondido, donde es difícil, muy difícil entrar. Muchas veces ni yo mismo, que sin duda soy su mejor amigo, puedo penetrar en él.
Seguramente estos días os hablaré más de él. Le he dicho que me llame cuando quiera, que para eso estamos los amigos.
He puesto una canción de uno de sus cantantes favoritos. Como siempre ocurre con Revólver la letra de la canción lo dice todo. Escucharla con atención. Espero que os guste a vosotros y mi amigo.
Un abrazo navegantes.
sábado, 1 de marzo de 2008
MI BARCO SE HUNDE...DE MOMENTO
Algunos ya sabéis, lo conté en otro post, que mi vida la comparto, desde el mes de septiembre, con una persona enferma de alzheimer en grado máximo, os digo esto porque ayer en el trabajo sufrí una crisis de ansiedad, ya veis, yo que pensaba que era fuerte y que podía con todo al final me he derrumbado. Los médicos me inyectaron algo, la verdad no me acuerdo que era, pero me dejó hecho polvo, luego estuve con el psicólogo del trabajo y me han diagnosticado un principio de depresión.
Según me dijo el médico he estado sometido a mucha presión, e intentado hacerme el fuerte para que mi mujer no sufriera, para que la vida de mis hijas no se viera afectada, he estado tirando del carro todo lo que he podido hasta que la válvula de escape se ha hecho añicos.
Por la noche, cuando escribía o leía vuestros post, era el único momento en el que mi mente se relajaba. Ahora no sé que va a pasar.
Os digo esto por que a partir de ahora quizás tarde más en publicar, intentaré que no. Intentaré con todas mis fuerzas publicar historias que os hagan disfrutar. Disculpadme si no es así.
Un abrazo a todos
miércoles, 23 de enero de 2008
MI VIDA ES UN TEMPORAL
Me gustaría ser capaz de expresar con claridad como una familia compuesta por cuatro personas de diferentes edades, son capaces de experimentar sentimientos diversos ante una misma enfermedad, el alzheimer. Una dolencia que consigue romper, o al menos lo intenta, los cimientos sobre el que reposa la estructura de un clan familiar habituado a una vida más o menos tranquila, para algunos puede que incluso monótona, pero, al fin y al cabo, mi vida, nuestra vida.
Mi familia está compuesta por cuatro miembros, ahora cinco, de diferentes edades, y quizás sea éste concepto, la edad, el que hace que cada uno de nosotros tenga una actitud distinta ante el enfermo. Pero los años no sólo influyen en la manera de percibir esa dolencia, sino que también influye en la forma de ver a la persona enferma, de hecho mis hijas no recuerdan a su abuela de otra manera que no sea como es ahora.
La pequeña, María, de ocho años, está encantada con que su abuela viva en casa. El único cambio importante que ha percibido hace referencia al espacio físico, ahora comparte habitación con Laia, su hermana mayor. Sin embargo, con ese cambio ha ganado dos cosas: la primera, compartir sueños, y a veces pesadillas, con su hermana y la segunda, es que ahora tiene una nueva amiga de setenta y cinco años con la que jugar. Una amiga que la mima, la protege y que sobre todo, la quiere.
De hecho, los únicos nombres que su abuela jamás olvida son el de su hija y el de su nieta pequeña. Pero como ocurre con todas las amigas, también discuten e incluso hay momentos en que se enfadan, aunque se perdonan tan rápido que desde fuera parece que nada hubiera ocurrido. A María no le importa que su abuela le pregunte repetida e incansablemente “¿hoy has comido en el colegio?” “¿qué has comido hoy?”, ella al principio responde la verdad pero luego, como si de un nuevo día se tratara, se inventa miles de platos. Su abuela se ríe ante esas combinaciones gastronómicas imposibles.
Nos gusta ver como todas las noches, María coge con ternura la mano de su abuela y la acompaña a la habitación. Allí espera, paciente, a que su gran amiga se meta en la cama y vayamos todos a darle el beso de buenas noches. En esos momentos ocurre algo curioso, ella, acurrucada dentro de su cama, levanta un poco la cabeza y le dice a su hija “Begoña te quiero”.
Laia, mi otra hija, tiene doce años y quizás por la edad y también por su forma de ser, vive esta nueva situación con intensidad… con desasosiego. Ella si entiende que su abuela está enferma e incluso entiende que repita las mismas preguntas y las mismas frases de manera incansable, pero el hecho de que lo entienda no significa que le sea fácil aceptarlo.
Sin embargo, ha habido un hecho que ha cambiado de manera importante su forma de enfrentarse a esta situación, se ha dado cuenta que no es la única niña que comparte su vida con una abuela enferma de alzheimer. Es consciente que ahora debe aprovechar cada minuto que pasa por que sabe que su abuela irá perdiendo memoria, que cada vez se va a reír menos, que llegará un momento en que ya no le preguntará nada ni nada responderá…pero no es fácil, es una niña. Tanto su madre como yo intentamos hacerle entender que debemos hacer feliz a la abuela, que a pesar de estar enferma se da perfecta cuenta que la queremos, que necesita, más que pastillas, cariño…pero para ella sigue sin ser fácil.
A Laia hay dos cosas que la molestan sobremanera, la primera es cuando su abuela hace algo mal y no sólo no asume que ha hecho algo mal, sino que además la culpa a ella, y la segunda, cuando se pelea con su hermana, en esos casos su abuela intenta mediar en la contienda, pero siempre, siempre, acaba defendiendo a la pequeña y culpando a la mayor. La negociación no es su fuerte, sobre todo por que no es objetiva. En esos momentos viene a nosotros enfadada, indignada, humillada y ofendida… y de nuevo nos toca mediar, sentarnos cinco minutos, abrazarla, y recordarle la situación en que vivimos. A veces hasta yo mismo me tengo que recordar la situación en que vivimos.
Por la noche, cuando el silencio envuelve la casa, cuando los sueños de príncipes y princesas aparecen, es el momento en que mi mujer y yo podemos mirarnos a los ojos con tranquilidad y detenimiento. Ella, me coge la mano y con una media sonrisa me dice: “Ha sido un día duro” y tiene razón, ha sido un día duro pero yo siempre respondo “lo duro sería no tenerte a mi lado”.
Oigo un ruido, se ha encendido la luz del pasillo, escucho unos pasos que vienen hacia mi habitación, creo que voy a terminar esta pequeña historia, “Xavi, ¿sabes donde está el baño?”, yo sonrío, me levanto y la acompaño al baño.
Mañana será otro día.
lunes, 29 de octubre de 2007
CANSADO
Está empezando a llover así que no me queda más remedio que cobijarme en el interior de mi pequeño barco. Enciendo una lámpara y abro el cuaderno, dispuesto a escribir, aunque no sé exactamente el qué. Es increíble como impone un folio en blanco. Hoy es la típica noche en que dejaría de buscar mi camino, abandonaría mi nave, mi pequeña isla y esperaría, viendo como el tiempo o la vida misma se escapa como agua entre mis dedos, a que Itaca me encontrara a mí.
En estos momentos soy como aquellos vagamundos sentados en los andenes de una estación cualquiera, esperando que llegue un tren en el cual puedan subirse para ir a ninguna parte o a cualquier parte. Hombres que nada tienen que celebrar, hombres abandonados por ellos mismos y por los demás, hombres sin promesas por que no hay nadie a quien prometer nada. Quizás ellos también, en un momento de su vida, intentaron llegar a Itaca.
Oigo como el agua golpea, con fuerza, en las ventanas del camarote. Me quedo ensimismado viendo como las gotas de agua resbalan por los pequeños cristales.
Espero que mañana sea un mejor día.

