
Estaba ensimismado, con la carta entre las manos, observando como el agua de la lluvia formaba, a medida que iba resbalando por el cristal, suaves meandros, imaginando cómo serían ese hombre y esa mujer que se amaron tan apasionadamente. Me levanté y puse el último Cd de Pitingo titulado “Souleria”.
Acababa de empezar a escuchar la primera canción cuando de repente sonó el móvil. Me levanté, y miré el número, era un viejo amigo del que hacia tiempo que no sabía nada. Me encendí un cigarro y volví a sentarme en el mismo sitio. Con este amigo ocurre algo curioso, algo que sólo sucede con los verdaderos y buenos amigos; podemos estar un mes o dos sin hablarnos pero tanto él como yo sabemos que estamos ahí para lo que haga falta, y esta vez a él me necesitaba. Lo noté en cuanto empecé a hablar con él.
Me dijo que el viernes pasado había estado en el psicólogo (yo ya sabía que lleva desde febrero de baja psicológica), me comentó que al terminar de hablar con él le abrazó y se echó a llorar, dice que está en un pozo casi sin fondo, que hay momentos en los que le parece ver una pequeña luz al final del túnel, sin embargo en otras ocasiones le ciega la oscuridad.
Durante todo el rato que duró la conversación yo casi no articulé palabra. También me dijo que el psicólogo le ha aumentado la medicación para evitar los estados de ansiedad. Sollozando me dijo que su único desahogo es escribir pero que eso, que en momentos determinados le ayuda a sacar sus demonios, también le produce cierta ansiedad.
Eso me desconcertó y de hecho le pregunté por qué le producía ansiedad. No lo entendía. Cuando alguien hace algo que le gusta y encima le ayuda lo normal es que le produzca cierto placer y le reconforte.
Me respondió que normalmente escribe en un blog, lo cual yo desconocía, y que últimamente está escribiendo historias que gustan, que está entrando mucha gente nueva y le produce cierto malestar y angustia no poder responder a todos. Me dijo le gustaría agradecerles uno a uno esas visitas a su blog, pero que le cuesta. Además, parece que últimamente le da por escribir por capítulos y que se siente con la obligación, aunque le cueste, de terminar las historias. Según él se siente en deuda con sus lectores, bueno el no utilizó la palabra lectores, utilizó la palabra amigos al otro lado de la pantalla, que no quiere dejarlos en la estacada.
Terminó llorando desconsoladamente, yo me callé, en realidad no sabía que decirle; al final se despidió dándome las gracias por aguantarle y pidiéndome que si deseaba entenderle mejor que entrara en su blog, concretamente en la etiqueta JODIDO.
Lo único que se me ocurrió decirle al despedirme es que los amigos jamás se dan las gracias.
Por cierto si alguien que quiere entrar en su blog y darle ánimos seguro que os lo agradecerá. Su blog se llama “caminandohaciaitaca.blogspot.com” y su nombre es Xavi.
Al terminar la conversación, levanté la vista, vi el cristal y entonces ya no supe si es que continuaba lloviendo o eran mis lágrimas las que hacían que viera esos enormes ventanales repletos de ríos de agua.
Acababa de empezar a escuchar la primera canción cuando de repente sonó el móvil. Me levanté, y miré el número, era un viejo amigo del que hacia tiempo que no sabía nada. Me encendí un cigarro y volví a sentarme en el mismo sitio. Con este amigo ocurre algo curioso, algo que sólo sucede con los verdaderos y buenos amigos; podemos estar un mes o dos sin hablarnos pero tanto él como yo sabemos que estamos ahí para lo que haga falta, y esta vez a él me necesitaba. Lo noté en cuanto empecé a hablar con él.
Me dijo que el viernes pasado había estado en el psicólogo (yo ya sabía que lleva desde febrero de baja psicológica), me comentó que al terminar de hablar con él le abrazó y se echó a llorar, dice que está en un pozo casi sin fondo, que hay momentos en los que le parece ver una pequeña luz al final del túnel, sin embargo en otras ocasiones le ciega la oscuridad.
Durante todo el rato que duró la conversación yo casi no articulé palabra. También me dijo que el psicólogo le ha aumentado la medicación para evitar los estados de ansiedad. Sollozando me dijo que su único desahogo es escribir pero que eso, que en momentos determinados le ayuda a sacar sus demonios, también le produce cierta ansiedad.
Eso me desconcertó y de hecho le pregunté por qué le producía ansiedad. No lo entendía. Cuando alguien hace algo que le gusta y encima le ayuda lo normal es que le produzca cierto placer y le reconforte.
Me respondió que normalmente escribe en un blog, lo cual yo desconocía, y que últimamente está escribiendo historias que gustan, que está entrando mucha gente nueva y le produce cierto malestar y angustia no poder responder a todos. Me dijo le gustaría agradecerles uno a uno esas visitas a su blog, pero que le cuesta. Además, parece que últimamente le da por escribir por capítulos y que se siente con la obligación, aunque le cueste, de terminar las historias. Según él se siente en deuda con sus lectores, bueno el no utilizó la palabra lectores, utilizó la palabra amigos al otro lado de la pantalla, que no quiere dejarlos en la estacada.
Terminó llorando desconsoladamente, yo me callé, en realidad no sabía que decirle; al final se despidió dándome las gracias por aguantarle y pidiéndome que si deseaba entenderle mejor que entrara en su blog, concretamente en la etiqueta JODIDO.
Lo único que se me ocurrió decirle al despedirme es que los amigos jamás se dan las gracias.
Por cierto si alguien que quiere entrar en su blog y darle ánimos seguro que os lo agradecerá. Su blog se llama “caminandohaciaitaca.blogspot.com” y su nombre es Xavi.
Al terminar la conversación, levanté la vista, vi el cristal y entonces ya no supe si es que continuaba lloviendo o eran mis lágrimas las que hacían que viera esos enormes ventanales repletos de ríos de agua.




