miércoles, 30 de junio de 2010

LUGARES


Hace meses que no escribo y lo cierto es que noto como a mis dedos les cuesta moverse con ligereza sobre el teclado. Sin embargo hay varios motivos por los que me apetece volver a sentarme delante del ordenador.

Por estas latitudes donde vivo el invierno ha sido duro y largo, ahora es cuando el sol empieza a calentar pero sobre todo es ahora cuando la luz brilla con toda su intensidad llenando cualquier posible hueco de melancolía. Esa luz me recuerda que me esperan dos lugares en los que tengo la absoluta certeza de que mi espíritu se reconforta, uno de ellos es mi pueblo. Volver a él implica sentir de nuevo la mar, olerla, vivirla, surcarla, sentir como se hunde en mis venas hasta llegar a lo más profundo de mi alma, reencontrarme con mi padre, al que quiero y admiro (de hecho es la mejor persona que he conocido) y por supuesto con mi madre, con la que me une un vínculo muy especial tanto para lo bueno como para lo malo. El otro lugar al que voy a ir es Sevilla. Estaré pocos días y además voy por temas de trabajo pero poder vivir durante unos instantes sus calles, sus rincones, la alegría de sus gentes, ver como cae la luna detrás del Guadalquivir…eso no tiene precio.

Otro de los motivos que me impulsa a escribir de nuevo es la grata sorpresa que me deparó un rinconcito del Mediterráneo, concretamente el Cabo de Gata y por supuesto sus pueblos. Me pareció increíble encontrar pueblos de mar sin el típico paseo marítimo lleno de guiris. Gente que mira hacia el horizonte y solo ve agua, tampoco se lo reprocho ya que no todo el mundo ha tenido la fortuna de criarse junto a viejos lobos de mar. También yo me equivoqué al pensar en Almería como una zona desértica. Nada más lejos de la realidad. El color verde que cubre sus montañas permite que pueblecitos blancos resbalen por sus laderas. Ver de nuevo esas barcas posadas sobre la arena en lugar de atadas a bloques de hormigón hizo que mi mente volviera a un tiempo en que lo único que me preocupaba era mirar la mar desde mi habitación y pensar en surcar mares lejanos en grandes veleros, como un corsario valiente en busca de una princesa a la que rescatar.

He de reconocer que me he sentido a gusto escribiendo de nuevo…quizás es que debo exigirme más a mi mismo.